La movida de la dama
Los tiempos procesales aletargan la dinámica política. Landau despejóel camino para el triunfo de Beatriz Rojkés de Alperovich. El operativo de seducción de Juri. Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción.
08 Abril 2007 Seguir en 
La competencia por la gobernación ha entrado en la recta final del maratón proselitista. Había incertidumbres jurídicas y políticas. La Corte Suprema de Justicia despejó una de ellas al no admitir una medida cautelar que pretendía trabar el avance del proceso electoral. Hasta el ex bussista Ernesto Padilla -el accionante- respiró aliviado. De otro modo, nadie podría pensar en alianzas ni tampoco en postulaciones. Pero no se evaporaron las otras cuestiones pendientes de resolución judicial. Las cinco leyes que José Alperovich devolvió a la Legislatura motivaron acciones del mismo Padilla, Carlos Canevaro -otro ex bussista-, Rodolfo Danesi (Ciudadanos Independientes) y del vicegobernador Fernando Juri, que deambularán por los estrados un tiempo más. De ellas, realmente tienen peso institucional las referidas al 82% móvil de los haberes jubilatorios y a la autarquía presupuestaria del Poder Legislativo, que le da al vicegobernador el manejo irrestricto de los fondos. Sin embargo, los mecanismos legales hacen presagiar un divorcio entre las urgencias de los dirigentes y los tiempos procesales. En derredor del alto tribunal estiman que puede haber sentencia cerca de la feria judicial de invierno, pero los jueces cimeros calculan que la definición se demorará aún más si alguna de las partes acude a la Corte Suprema de Justicia de la Nación por medio de un recurso extraordinario. En Tribunales se prolonga el litigio político cuyos principales actores legislativos son el jurismo y sus socios, de una parte, y los alperovichistas con sus aliados, de otra.El favoritismo del interventor
Jorge Landau vino contadas veces a Tucumán, pero llevó con mano firme el proceso. Su misión era cristalina como el agua de montaña: allanar el camino para que cuajara el proyecto continuista del gobernador José Alperovich en el PJ, simultáneamente con el triunfo de la esposa de este. El diputado bonaerense fue el único de la larga lista de interventores que tuvo el peronismo local en las últimas décadas, que privatizó el traslado de las urnas y su custodia a una empresa particular. Landau favoreció ciertamente al oficialismo, pero la derrota de Juri no se explica por una sola causa. De 575 presidentes de mesa, sólo 70 eran de la disidencia.
Alperovich acertó al plebiscitar su gestión de gobierno en la lucha interna del partido, con una proyección mediática que se esparció por toda la sociedad. Peronistas y no peronistas fueron receptores de ese mensaje. El establishment alperovichista barrió a las segundas líneas del jurismo en todo el territorio. Legisladores, intendentes, concejales y comisionados comunales de ese palo aniquilaron la resistencia de sus oponentes.
La maquinaria estatal del Ejecutivo fue infinitamente más poderosa que la del Legislativo y la oferta del oficialismo desbordó a la de sus contendientes, que volcó no menos de 250.000 bolsones a la plaza, según admiten fuentes de ambos bandos. Los desencantados con el revés acusan a los operadores de la Casa de Gobierno de haber entregado hasta $ 100 y un bolsón por voto -caso del circuito 12-. Los rivales de Juri quieren hurgar en las cuentas que manipula discrecionalmente el vicegobernador para determinar la fuga de recursos hacia las aventuras electorales. No sólo en la Justicia se dirime el problema presupuestario de la Legislatura.
Un toque de alerta
El optimismo que despertó el aplastante triunfo de Beatriz Rojkés de Alperovich no alcanzó a disimular la luz roja que se encendió a partir de los resultados obtenidos en las escuelas ubicadas en los circuitos 1 al 6, ya que en estos prevaleció con claridad el binomio Juri-Stella Maris Córdoba.
Para algunos, el verdadero derrotado fue el intendente Domingo Amaya, cuya labor gubernamental no persuadió en absoluto al exigente electorado peronista del microcentro. Para otros, la gran perdedora fue la estrategia del bolsón, que no halla terreno fértil en los sectores de nivel socioeconómico alejados de la extrema pobreza y de la dependencia de la política asistencialista. Dentro de las filas juristas, también estalló la crítica. Hablan del sectarismo de los legisladores y referentes territoriales, que excluyeron de la tarea proselitista a dirigentes que no les respondían. Objetan también que Juri haya renunciado a denunciar las anomalías de los comicios.
En la misma noche del domingo, el vicegobernador anunció que seguía en la lucha política y que no descartaba disputar la gobernación, puesto que Landau reservó para Alperovich, según sus declaraciones de ese día. El interventor tenía un protegido y la Casa Rosada no quería que un gobernador fuera vencido. Carlos Rovira (Misiones) y Angel Maza (La Rioja) fueron malos precedentes.
El juego de los otros
Landau se propuso rescatar a Juri. Está obligado a prevenir eventuales fugas de votos peronistas hacia Roberto Lavagna frente a las elecciones presidenciales de octubre. Alperovich hizo lo mismo. La operación seducción tendía a aislarlo de los cuadros que lo secundaron en la confrontación del domingo pasado. Claro que una crisis de coherencia se gestó rápidamente entre los socios de Juri. Ni lerdo ni perezoso, el gobernador anunció una política frentista para capturar a los más blandos de aquellos. Combatir políticamente desde el llano es una tarea gravosa y de imposible cumplimiento para algunos juristas.
La certeza de no tener cabida en las filas del partido gobernado por el matrimonio Alperovich empujó a otros legisladores a optar por la confrontación. Rodolfo Ocaranza y Antonio Alvarez se expidieron en esa dirección y no hacen otra cosa que profundizar lo adelantado por Juri el domingo, tras conocer el avance del escrutinio.
La oposición no existe, se jactó Landau. En rigor, está fragmentada y sin un hilo conductor. La debilidad del vicegobernador puso en un tembladeral a cualquier entendimiento multipartidario que girara en derredor de su figura.
La centroderecha se bifurcó. La versión clásica del bussismo, refugiada en Fuerza Republicana, explora el mercado electoral con la edición actualizada de la fórmula Ricardo Bussi-Raúl Topa, con Claudio Viña, candidato a intendente. El escenario de 2007 no es el mismo de 1995, porque -entre otras cosas- Alperovich está lejos de sufrir las complicaciones que envolvieron al gobierno de Ramón Bautista Ortega. La otra oferta del mismo espectro proviene de la convergencia de partidos agrupados con el Proyecto Tucumán, cuyas principales cabezas son Esteban Jerez, Pablo Walter , Martín Méndez Uriburu, Roberto Lix Klett y Ernesto Padilla. Estos se proponen captar a la disidencia del bussismo y del jurismo, usando la vieja fórmula que aconseja pescar en aguas revueltas. La entente Ciudadanos Independientes-Movimiento Popular Tres Banderas se consolida y está en la búsqueda de nuevos socios. Los democristianos creen también que pueden repetir la elección de la convención constituyente cuando ubicaron a José Páez en una banca, en el marco del ASI. La movilidad política se generaliza tras el fin de Semana Santa.







