¿Las elecciones importan más que la muerte?

Todos los dirigentes políticos buscan obtener algún rédito con la muerte del docente neuquino. La oposición apunta a las consecuencias de un anuncio de Filmus. Por Hugo E. Grimaldi - Agencia DYN.

08 Abril 2007
BUENOS AIRES.- Es terrible, pero resulta incontrastable y hasta da pudor comprobarlo, cómo la sangre de Carlos Fuentealba se está dirimiendo en su color y calidad entre la izquierda y la derecha, entre el Gobierno y la oposición, para sacar de tan trágico acontecimiento alguna ventaja ideológica y también electoral.
Lo más desmesurado de la situación ha resultado que las conveniencias de todas las partes y los clisés de los extremos están usando esta muerte para transformarla ante la opinión pública en un caso emblemático de trascendencia nacional que arrime agua para sus respectivos molinos.
Nadie se salva y la lista los involucra a todos, aun al periodismo. Desde todos los costados, por acción o por omisión, se ha pretendido pintar este alevoso asesinato como más doloroso, por ejemplo, que cualquiera de los fusilamientos que han terminado, durante las últimas semanas, con las vidas de muchas personas asaltadas en sus propias casas, víctimas de la “sensación de inseguridad” que pregona el latiguillo oficial.
En primera instancia, la muerte del profesor neuquino se coló, en medio de la Semana Santa, en la bucólica paz de El Calafate, donde Néstor Kirchner hizo vida en familia rodeado de un sugestivo misterio, sólo transgredido cuando el Presidente transmitió a la distancia el sentimiento de pesar que lo embargaba por tan trágica circunstancia.
Entonces, el Gobierno nacional no dejó pasar la oportunidad para ponerse en vidriera y explicar, envalentonado por los hechos, que sus métodos para controlar la protesta social de los piqueteros y las manifestaciones de los asambleístas de Gualeguaychú en calles y rutas han resultado más sensibles y civilizados que los desbordes de los policías de provincias que gestionan gobernadores no afines al modelo K.
En este caso, el vocero presidencial ha sido el ministro del Interior, Aníbal Fernández, quien se ocupó de marcar las diferencias de accionar entre las respectivas fuerzas de seguridad y de hacer notar lo mínimo que resulta, ante la pérdida de una vida, la crispación que evidencian muchos ciudadanos frente a los cortes, más allá de que en el caso de los puentes internacionales eso compromete la circulación de mercaderías y hasta le ha generado a la Argentina mayor distanciamiento con el Uruguay.

“La salvaje represión”
Para la izquierda sindical y las organizaciones sociales, la mayor responsabilidad del excecrable asesinato del docente recayó en “la salvaje represión que propicia la derecha”, habida cuenta de que esa provincia es gobernada por Jorge Sobisch, una expresión patagónica del populismo autoritario y feudal de ese tinte político, aunque no muy diferente de la que terminó con la vida de Jorge Sayago, aquel olvidado policía asesinado en Las Heras, en medio de la meseta santacruceña.
Por su parte, las vertientes más combativas usaron el episodio para tratar de mostrar su virulenta acción en la calle, como el caso extremo de Quebracho que, frente a cierta pasividad policial, que no siguió las habituales consignas del Ministerio del Interior de saturar el espacio público, arrasó con un local porteño del Movimiento Popular Neuquino.
Finalmente, el operativo se reinvindicó, logró la detención de una docena de participantes y puso a los vándalos, como debe ser, a disposición de un juez.
Tampoco los opositores han dejado pasar, desde su ángulo, que todo el entuerto de la pelea docente se inició en una mesa en Buenos Aires, cuando el ministro de Educación de la Nación, a la vez candidato porteño por el kirchnerismo, Daniel Filmus, junto a Hugo Yasky, hoy atribulado dirigente sindical, hicieron un anuncio que seguramente se planteó sin medir las consecuencias.
Como muestra del unitarismo fiscal en que se ha convertido la recaudación de impuestos, Filmus les avisó por televisión a todos los gobernadores lo que ya había sido decidido por el presidente Kirchner: que se las tenían que arreglar a como hubiere lugar para aumentar en 23,8% no sólo el piso salarial previsto en la ley de Financiamiento Docente, sino toda la escala de retribuciones.
El desvío, que especialmente se ha empeñado en resaltar Roberto Lavagna, generó primero la renuncia del ministro de Hacienda de la provincia de Buenos Aires, disparó luego conflictos con el resto de los agentes estatales de cada distrito y ha sido causa del problema docente aún irresuelto que se vivió hace una semana en Santa Cruz y germen explosivo, primero en Salta y luego con el trágico final conocido, en Neuquén.
En las últimas horas, y por derecha, Mauricio Macri para no ser menos en su oportunismo y no quedar pegado al episodio suscribió la partida de defunción de su alianza con Sobisch y por izquierda, con argumentos generados en usinas ideológicas de ese espectro cercanas a la Casa Rosada, hasta hay quien se ha atrevido a decir que “la represión” es lo que les espera a los habitantes de la Capital Federal si el todavía presidente de Boca es ungido intendente. Desde los gremios, la novedad fue la sintonía casi matrimonial entre las centrales CGT y CTA, quienes ahora propician en conjunto un paro general por una hora para el próximo lunes.
Ese paralelismo de coyuntura los pone en línea con la necesidad de mostrarse activos en tiempos de paritarias y de búsqueda de lugares en las listas de candidatos. Aquellos, para no quedar como furgón de cola de los más combativos y estos, para conseguir algún protagonismo que los acerque definitivamente, más allá de la línea directa que hay con el gremio docente, a la Casa Rosada. Ese mismo día, justo cuando el Presidente ya esté otra vez en funciones, habrá también un paro docente que abarcará toda la jornada. Quizás con Néstor Kirchner otra vez en Buenos Aires, podrán conocerse algunos detalles más de su retiro patagónico.
Sin embargo, en el caso de la personalidad del Presidente, proclive siempre a realizar movidas políticas, aunque sea en la mesa de arena, y a exponer su opinión desde el atril como un medio directo de comunicarse con la gente sin la intermediación del periodismo, tan prolongado y voluntario ostracismo ha llamado, al menos, la atención de los analistas, quienes sólo disponen de esa veta para pulsar su pensamiento. Aunque probablemente también le ha dolido a una parte de la sociedad, que siente que su verborrágica tutela les resulta indispensable.

Realidad e imaginación
Como ocurre siempre cuando la información escasea, la realidad es suplida por la imaginación y, más allá de algunos pequeños deslices de funcionarios que han hablado con Kirchner y del sentimiento que transmitió sobre la muerte de Fuentealba, poco se ha sabido de sus elucubraciones políticas.
Lo más concreto es que el 2 de abril, sin que se haya dicho otra cosa que nunca antes había pensado en asistir, mientras un día antes la ministra de Defensa, Nilda Garré lo había confirmado, dejó que Daniel Scioli lo representara en el acto de conmemoración de los 25 años del desembarco en Malvinas, y abrió espacios para las especulaciones, junto a cierto estupor entre los funcionarios y múltiples críticas de la oposición.
Más allá de los rumores sobre su salud, una de las teorías que circuló por la City porteña, habitualmente fogoneadas para sacar partido con los precios de bonos y acciones y generalmente inspiradas en expresiones de deseos más que en la realidad, fue que el Presidente estaba abocado exclusivamente a preparar un recambio ministerial importante, para encarar la última etapa de su primer gobierno con menos ataduras y mayor pragmatismo, especialmente en temas económicos.
En ese aspecto, nadie dejó de prestar atención a la reaparición mediática de Domingo Cavallo, con una contundente opinión de blog que, bajo la pátina de una crítica a Néstor Kirchner, le pegaba con mucha dureza a la teoría del dólar “alto y competitivo”, que instauró Lavagna en tiempos de Eduardo Duhalde y que hoy sigue con trabajosa devoción su sucesora, Felisa Miceli.

La senda inflacionaria
La conclusión del ex ministro de Economía, hombre de consulta de Kirchner en más de una oportunidad, antes y aún después de ser ungido presidente, es que el Presidente es un pragmático menos “peligroso” que los teóricos que impulsaron la receta, ya que finalmente virará hacia caminos más ortodoxos. Habida cuenta de la multiplicidad de ficciones que sostienen el plan económico, así el esquema no se sostiene y la inflación se tornará inmanejable, explicó el reaparecido Cavallo.
En este aspecto, la percepción de los aumentos de precios sigue calando muy hondo en la gente y ya los índices son considerados una simple referencia de la inflación oficial, apenas una estadística que sólo le sirve al Secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, para mostrarse activo ante el Presidente.
Sobre este tópico fue muy duro el mazazo que le pegó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) al secretario de Comercio Interior, al anunciar como “anticipo” que la canasta básica aumentó 3,6% durante marzo.
Como la rigurosidad del organismo ha quedado enlodada por la manipulación de cifras, todo lo que provenga de sus oficinas mueve a sospecha. Para abajo y para arriba.

Sólo apariencias
Ahora, parece ser que ese aumento no se condice con la suba que dio el Indice General (0,8%) y sobre todo el rubro Alimentos y Bebidas (1,1%) y que la cifra habría sido contrabandeada por cuadros del Instituto que están en conflicto.
Lo cierto es que la planilla existió, por lo que se le haría un retoque hacia abajo al número en apariencia inconsistente que le da sustento al límite de la indigencia, a pedido del propio Kirchner.
Lo que no está demasiado claro es cómo se va explicar la situación, ya que el porcentaje fue avalado, ni más ni menos, por una funcionaria más que leal al equipo económico, Beatriz Paglieri, a quien también se la acusa de haberle suministrado a Moreno la lista de los locales a verificar para que sus inspectores adoctrinen a los comerciantes, 24 horas antes, sobre qué precios deben suministrarle al Indec. (DyN)


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