08 Abril 2007 Seguir en 
Buenos Aires.- La exhibición del filme “El desierto negro”, ópera prima del realizador argentino Gaspar Scheuer se convirtió el viernes a la noche en una de las primeras y agradables sorpresas de la novena edición del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (Bafici).
Con guión y dirección de Scheuer, que desde hace más de 10 años desarrolla su trabajo en la industria cinematográfica como sonidista, el filme participa de la Competencia Internacional.
La historia plantea el destino funesto e inexorable de un gaucho perseguido y lo hace jugar en línea con la tradición abierta por el “Martín Fierro”, pero que incorpora también parte de la estética del comic y de un cine personal e innovador. En un viaje realizado bajo la pesadilla presente e invisible de la Campaña del Desierto, el gaucho Irusta, que debe varias muertes, es perseguido por una patrulla militar a lo largo de los áridos y desolados paisajes de la Pampa seca hasta la última línea de la frontera civilizatoria. “Hay algo en la película que en ningún momento está contado ni dicho pero que tiene que ver con el contexto histórico del que habla el filme y es un poco que este gaucho viene a simbolizar el fin de un tipo de personaje, acorralado, perseguido y en su fase de extinción que es justamente el gaucho como arquetipo de una época”, contó Scheuer. Hecha con un presupuesto mínimo, porque Scheuer aclara que no iba a estar tres años mandando el guión a fundaciones europeas para conseguir financiamiento sino que quería hacer la película, esta falta de recursos se convirtió también en uno de los aspectos que definieron la estética del filme. “El rancho, las locaciones, el vestuario, toda la cuestión de la producción fue transformando la película y definiendo su estética a partir de la decisión inicial de adaptarse a lo que se iba consiguiendo”, contó Scheuer. Para ejemplificarlo, señaló: “en el guión decía ‘caravana de carretas’ y esta caravana terminó siendo una sola carreta que casi no tenía qué ponerle arriba”. (Télam)
Con guión y dirección de Scheuer, que desde hace más de 10 años desarrolla su trabajo en la industria cinematográfica como sonidista, el filme participa de la Competencia Internacional.
La historia plantea el destino funesto e inexorable de un gaucho perseguido y lo hace jugar en línea con la tradición abierta por el “Martín Fierro”, pero que incorpora también parte de la estética del comic y de un cine personal e innovador. En un viaje realizado bajo la pesadilla presente e invisible de la Campaña del Desierto, el gaucho Irusta, que debe varias muertes, es perseguido por una patrulla militar a lo largo de los áridos y desolados paisajes de la Pampa seca hasta la última línea de la frontera civilizatoria. “Hay algo en la película que en ningún momento está contado ni dicho pero que tiene que ver con el contexto histórico del que habla el filme y es un poco que este gaucho viene a simbolizar el fin de un tipo de personaje, acorralado, perseguido y en su fase de extinción que es justamente el gaucho como arquetipo de una época”, contó Scheuer. Hecha con un presupuesto mínimo, porque Scheuer aclara que no iba a estar tres años mandando el guión a fundaciones europeas para conseguir financiamiento sino que quería hacer la película, esta falta de recursos se convirtió también en uno de los aspectos que definieron la estética del filme. “El rancho, las locaciones, el vestuario, toda la cuestión de la producción fue transformando la película y definiendo su estética a partir de la decisión inicial de adaptarse a lo que se iba consiguiendo”, contó Scheuer. Para ejemplificarlo, señaló: “en el guión decía ‘caravana de carretas’ y esta caravana terminó siendo una sola carreta que casi no tenía qué ponerle arriba”. (Télam)
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