Todos pierden, nadie gana
Sobisch ordenó reprimir la protesta docente y provocó su propio suicidio político. Error: desde la cartera de Educación se estableció el salario básico federal. Por Angel Anaya - Columnista.
07 Abril 2007 Seguir en 
BUENOS AIRES.- A Kirchner se le atribuyó alguna vez la advertencia de que “un muerto puede desatar una cadena interminable”; seguramente pensaba en Fernando de la Rúa partiendo de la Rosada en helicóptero y dejando atrás más de una veintena. El gobernador Jorge Sobisch no lo imaginaba y, en lugar de hacer como el Presidente, ordenó reprimir y provocó, además, su suicidio político. Todavía en nuestro país hay algunos que no se dan cuenta de cuán sensitivo se ha vuelto el modelo contestatario argentino desde la crisis del milenio. Ahora se está manifestando en el conflicto docente, pero muestra secuelas en otros sectores que se colocan oportunistamente bajo su bandera reivindicatoria ¿Acaso no se debe reprimir mediante las fuerzas del orden? Sin embargo, al mismo tiempo que en Neuquén, la Policía lo hacia en el distrito federal con Quebracho y la Prefectura con un grupo que impidió el acceso a Buquebus. En Santa Cruz más de 20 días de protestas, por momentos muy fuertes y masivas, no han tenido una sola víctima, pero tampoco un mínimo diálogo con las autoridades, recurso razonable que aconsejó el ministro del Interior para arrinconar a Sobisch mientras abandonaba la Casa de Gobierno disfrazado de policía. Entre todo el escándalo todos pierden y nadie gana, pues la hilera de episodios contestatarios no parece interrumpirse ni aun en Semana Santa. Más que explosión, pareciera que algo va a hacer implosión. El caso de los docentes tiene también otra víctima política, aunque no tan notoria, en el ministro de Educación, Daniel Filmus, candidato kirchnerista a la gobernación porteña, quien estableció un salario básico federal para todas las provincias sin considerar que son ellas las que deben determinar los suyos. Al ministro se lo ve ahora en la duplicidad de su actividad pública, sin respetar el principio constitucional ni la ética que le impone su renuncia o licencia para hacer campaña proselitista. Cierto es que casos como el suyo abundan ahora en todo el país, pero eso no debe considerarse como una costumbre tolerable sino como un virus que afecta gravemente a nuestra clase política. El caso de los docentes, cuya semilla plantó erróneamente el ministro, ha dado lugar a otra paradoja, como es el hecho de que los organizadores del paro nacional y gran marcha del lunes hayan acudido al ministro político Aníbal Fernández para solicitarle garantías y protección, que les ha sido prometida. La movida contestataria ha sido conjunta de la CGT y la CTA, las dos centrales enfrentadas por desigualdad de personería. Seis provincias padecen el conflicto docente, todas por dificultades de presupuesto, salvo la de Santa Cruz, donde las cifras son complejas y dispares pero no se logra una mesa de diálogo, ese espacio tan limitado de nuestra vida pública. (De nuestra Sucursal)







