Las lecciones de Malvinas

07 Abril 2007
El 25° aniversario de la guerra por la soberanía del archipiélago de Malvinas e islas del Atlántico Sur ha alcanzado una repercusión no sólo excepcional entre los argentinos, sino con inéditas reflexiones, en la medida de su incorporación a las grandes deudas que nuestra sociedad se debe a sí misma.
El sacrificio de los ciudadanos que allí combatieron y dejaron sus vidas -641- así como el de los que cargaron con las consecuencias espirituales y no tuvieron la necesaria comprensión posterior dando lugar a que 350 de los que regresaron al continente se suicidasen, está presente hoy como nunca y genera un debate por momentos confuso y contradictorio.
En primer término, por el irreparable error de quienes cometieron el disparate histórico de recurrir a la guerra en una realidad internacional adversa contra la tercera potencia militar de entonces. Las operaciones, dispersas y feroces, sirvieron para demostrar el heroísmo de nuestros jóvenes de tropa y oficiales que, a pesar de tomar conciencia de que la campaña no sería victoriosa, mostraron su coraje sin reservas hasta el fin. Todo ello, con un cúmulo de información sin precedentes, ha dejado ahora instalada en la opinión nacional una demanda de proyectos, con la necesidad de definir la política para el futuro que asegure la recuperación de la soberanía.
Se trata de un compromiso que corresponde a las dirigencias del Estado y que no se limita a la oportunidad de un discurso, ya que requiere elaboración conjunta de Gobierno y oposición para asegurarlo en el tiempo.
En ese sentido, se cometería otro gravísimo error si el problema de Malvinas se incorporase al proceso electoral en una competencia proselitista que nuevamente le restaría trascendencia, en lugar de consolidar una propuesta en concordancia con el contexto internacional.
   El momento para comenzar tan delicado y largo camino podría haber sido el reciente acto conmemorativo de Ushuaia, donde fue llamativa tanto la ausencia del presidente Kirchner como la de los líderes más significativos de la oposición.
Ciertamente que el respeto por el sentimiento que embargó a la sociedad argentina después del largo tiempo de innegables indiferencias, habría merecido esas presencias, aun a costa de cualquier gesto aislado e inoportuno por problemáticas circunstancias. En el caso del jefe del Gobierno, la carencia de explicaciones y la abundancia de contradicciones sobre su eventual presencia superaron todos los límites observados hasta ahora en orden a la incomunicación.
Los silencios del Presidente en los momentos críticos han tenido y tienen todavía en medio del debate sobre Malvinas, una explicación sólo atendible por quienes no advierten que no se condicen con el sistema democrático de gobierno y convivencia. Esa actitud de omisión ha impedido conocer qué piensa quien más poder asume y ostenta, sobre cuestiones tan esenciales como la relación con los pobladores del archipiélago irredento, que parece olvidada entre las incipientes medidas oficiales y constituye una realidad ineludible. Realidad que debe asumirse con franqueza, tal cual abundan los ejemplos en la comunidad internacional, sin perjuicio de la discusión con el Reino Unido sobre la soberanía.
El bloqueo mediante la ignorancia de la comunidad insular no es el camino propicio para un fin tan elevado, pero ello requiere una decisión conjunta de quienes ocupan el Gobierno y los que eventualmente hayan de sucederlos, siendo el presidente Kirchner quien debe asumir actualmente esa iniciativa.

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