06 Abril 2007 Seguir en 
San Francisco.- "Rain Man", "Buenos días, Vietnam" y "Mentiras que matan". Sólo con esas tres películas, Barry Levinson se aseguró un lugar en la historia de Hollywood. Pero el aclamado director suele hacer un gran rodeo en torno de la meca del cine. Oscila entre sus casas en el norte de California y en la Costa Este, y prefiere rodar en su ciudad natal, Baltimore, en el Estado norteamericano de Maryland.
Allí nació hace 65 años, el 6 de abril, este hijo de inmigrantes judíos provenientes de Rusia.
Ya suman cuatro las películas que Levinson ambientó en su ciudad natal. Su debut en la dirección "Diner" (1982), sobre cinco amigos en los años 50. "Dos sinvergüenzas en un cadillac" (1987), en la que Richard Dreyfuss y Danny de Vito son vendedores de revestimientos de aluminio. "Avalon" (1990), con el alemán Armin Mueller-Stahl como un inmigrante ruso. Y "Liberty Heights" (1999), en la que hace balance sobre su propia juventud en Baltimore. Levinson tuvo sus primeros éxitos en el mundo del espectáculo como guionista de Mel Brooks, en cuya película "La última locura de Mel Brooks", parodia de Alfred Hitchcock, incluso tiene un pequeño papel como botones de un hotel. Con "Diner" el entonces joven director ayudó al éxito a los todavía desconocidos actores Kevin Bacon, Ellen Barkin y Mickey Rourke. Su siguiente trabajo fue "El mejor" (1984), con Robert Redford, Glenn Close y Kim Basinger. Con la sátira militar "Buenos días, Vietnam" (1987) y el drama "Rain Man" (1988), Levinson continuó su cruzada triunfal en Hollywood. Su destreza para presentar a Dustin Hoffman como un autista y a Tom Cruise como su hermano "yuppie" le valió en 1989 un Oscar a la mejor dirección. Fue nominado otras dos veces, como productor y como director, por la película de gangsters "Bugsy" (1991). Pero también hubo fracasos en la taquilla y malas críticas, por ejemplo para "Juguetes" (1992), el thriller de ciencia ficción "La esfera" (1998) y el drama sobre una venganza "Los hijos de la calle" (1996), con Brad Pitt y Dustin Hoffman. El thriller "Acoso sexual", con Demi Moore y Michael Douglas, desató un intenso debate sobre el acoso sexual en el lugar de trabajo.
La sátira política "Mentiras que matan", sobre el ocultamiento de una relación sexual presidencial con una guerra inventada, generó en cambio, muchos aplausos y risas. (DPA)
Allí nació hace 65 años, el 6 de abril, este hijo de inmigrantes judíos provenientes de Rusia.
Ya suman cuatro las películas que Levinson ambientó en su ciudad natal. Su debut en la dirección "Diner" (1982), sobre cinco amigos en los años 50. "Dos sinvergüenzas en un cadillac" (1987), en la que Richard Dreyfuss y Danny de Vito son vendedores de revestimientos de aluminio. "Avalon" (1990), con el alemán Armin Mueller-Stahl como un inmigrante ruso. Y "Liberty Heights" (1999), en la que hace balance sobre su propia juventud en Baltimore. Levinson tuvo sus primeros éxitos en el mundo del espectáculo como guionista de Mel Brooks, en cuya película "La última locura de Mel Brooks", parodia de Alfred Hitchcock, incluso tiene un pequeño papel como botones de un hotel. Con "Diner" el entonces joven director ayudó al éxito a los todavía desconocidos actores Kevin Bacon, Ellen Barkin y Mickey Rourke. Su siguiente trabajo fue "El mejor" (1984), con Robert Redford, Glenn Close y Kim Basinger. Con la sátira militar "Buenos días, Vietnam" (1987) y el drama "Rain Man" (1988), Levinson continuó su cruzada triunfal en Hollywood. Su destreza para presentar a Dustin Hoffman como un autista y a Tom Cruise como su hermano "yuppie" le valió en 1989 un Oscar a la mejor dirección. Fue nominado otras dos veces, como productor y como director, por la película de gangsters "Bugsy" (1991). Pero también hubo fracasos en la taquilla y malas críticas, por ejemplo para "Juguetes" (1992), el thriller de ciencia ficción "La esfera" (1998) y el drama sobre una venganza "Los hijos de la calle" (1996), con Brad Pitt y Dustin Hoffman. El thriller "Acoso sexual", con Demi Moore y Michael Douglas, desató un intenso debate sobre el acoso sexual en el lugar de trabajo.
La sátira política "Mentiras que matan", sobre el ocultamiento de una relación sexual presidencial con una guerra inventada, generó en cambio, muchos aplausos y risas. (DPA)
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