06 Abril 2007 Seguir en 
MADRID.- Mucho antes de que España se haya convertido en el destino turístico de las estrellas, Ava Gardner descubrió en ciudades como Tossa de Mar o Madrid el poder de seducción de su vida nocturna, su folclore y de algunos de sus toreros, como detalla Lee Server en la biografía "Ava Gardner: una diosa con pies de barro".Cuando en 1950 Ava Gardner se trasladó a Tossa de Mar para rodar "Pandora y el holandés errante", de Albert Lewin, "la pasión de sus gentes y el ardiente y oscuro romanticismo de su cultura le hicieron sentir que había establecido una sincera y duradera conexión con el país", explica Lee Server en su libro.Gardner estaba en ese momento en el punto de mira de la prensa internacional, más por su agitada vida social que por su trabajo cinematográfico. Nacida en Carolina del Norte la Nochebuena de 1922, sus humildes orígenes en las plantaciones de tabaco chocaron de frente con el brillo de la industria de Hollywood, causando en Ava un desequilibrio que arrastraría toda su vida.Así, tras pasar por el altar de la mano de Mickey Rooney y del clarinetista Artie Shaw, sólo un éxito, el de "Forajidos" en 1946, sostenía su poder en Hollywood, insuficiente para mantener una imagen pública que se estaba enfrentando al papel de "culpable" de la ruptura del matrimonio entre Frank y Nancy Sinatra.El transcurso de su apasionado romance con "La Voz", lleno de peleas, borracheras e intentos de suicidio, no fue impedimento para que, una vez en España, Ava aprovechara para dar rienda suelta a sus excesos sin estar sometida a los corsés puritanos de los grandes estudios.
Aquellos días de filmación "fueron románticos y extraños", explicaba la secretaria del rodaje, Angela Allen. "Nos dejábamos llevar, y Ava lo hacía más que ninguno. Se quedó prendada de España y todo lo que ofrecía, incluidos los toros... y los toreros".
Mientras Sinatra pasaba un duro bache en su carrera, Ava comenzó a desarrollar una pasión por la tauromaquia, lo que hizo tremendamente atractivo ante sus ojos al torero Mario Cabré. Cabré tenía en la película un papel secundario y, mientras ella describió su romance como "un error de una noche", Cabré le dedicó varios poemas y arriesgó su vida en las escenas de toreo.
Ava siguió con su obsesión por los ruedos, hasta el punto de que coqueteó con el actor Robert Stack por el mero hecho de ser el protagonista de "El torero y la dama". En 1953, mientras rodaba en Africa "Mogambo" -por la que consiguió su única candidatura al Oscar- y en plena crisis con Sinatra, descubrió que estaba embarazada y fue a abortar a Londres, con una escala en Madrid, en la que coincidió con Luis Miguel Dominguín. (Especial)
Aquellos días de filmación "fueron románticos y extraños", explicaba la secretaria del rodaje, Angela Allen. "Nos dejábamos llevar, y Ava lo hacía más que ninguno. Se quedó prendada de España y todo lo que ofrecía, incluidos los toros... y los toreros".
Mientras Sinatra pasaba un duro bache en su carrera, Ava comenzó a desarrollar una pasión por la tauromaquia, lo que hizo tremendamente atractivo ante sus ojos al torero Mario Cabré. Cabré tenía en la película un papel secundario y, mientras ella describió su romance como "un error de una noche", Cabré le dedicó varios poemas y arriesgó su vida en las escenas de toreo.
Ava siguió con su obsesión por los ruedos, hasta el punto de que coqueteó con el actor Robert Stack por el mero hecho de ser el protagonista de "El torero y la dama". En 1953, mientras rodaba en Africa "Mogambo" -por la que consiguió su única candidatura al Oscar- y en plena crisis con Sinatra, descubrió que estaba embarazada y fue a abortar a Londres, con una escala en Madrid, en la que coincidió con Luis Miguel Dominguín. (Especial)
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