Un ataque verbal que deja al tenis mal parado

03 Abril 2007
La Asociación de Tenistas Profesionales (ATP) rechazó en forma contundente la idea del croata Ivan Ljubicic, que pretendía negarles invitaciones a los torneos a quienes cuenten con antecedentes de dopaje. La entidad señaló que los jugadores y los organizadores de torneos pueden hacer las propuestas que quieran, pero que es el consejo ejecutivo el que las aprueba. Pero lo que no pudo lograr con el rechazo es que la polémica abierta por un tema tan sensible y cada vez más recurrente en el deporte de elite quedara planteada. Y con ello, un debate abierto que ofrece numerosas aristas, casi todos de difícil resolución y asimilación.
Ljubicic, presidente del consejo de jugadores de la ATP, había justificado su propuesta al afirmar que invitar a un torneo a un jugador que haya registrado un episodio de doping era como darle “un arma a alguien que acaba de salir de prisión”. Y agregó: “ayudarlos es algo que no creo que sea correcto. Esa gente nos estuvo engañando, y no creo que debamos ayudarlos, es tan simple como eso”.
Su frase, una de las menos felices de los últimos años, a la que Guillermo Cañas, por caso, calificó de “estupidez”, guarda en sí misma una inusual falta de tolerancia para con quienes, ante una violación a las normas que rigen al deporte, pagaron por ello y luego decidieron volver a la lucha. A la vez, marca un peligroso antecedente de cara a la convivencia en una actividad que cada día cuenta con mayor atención mundial.
La reacción de Ljubicic, ciertamente ambigua en su dirección, pareció igualmente extemporánea, ya que se produjo minutos después de haber perdido justamente con Cañas en el torneo de Miami. Sin decirlo abiertamente, apuntó al argentino como el destinatario principal de su propuesta. Olvidó así que este, por imperio de las leyes vigentes en el tenis profesional, estuvo más de un año sin jugar tras ser suspendido en junio de 2005 por dar positivo de hidrocloriothazide; es decir, pagó por su falta. Si bien a su regreso caían aún sobre su figura sospechas de tenista no limpio, de deportista que corre y gana gracias al doping, las fue superando en base a su talento, a su entrega, a su coraje y, porqué no, a sus triunfos, algunos resonantes como los que logró ante el Nº1 del mundo, Roger Federer.
En un informe elaborado por profesionales médicos de la Secretaría de Deportes de la Nación, se determina que debe considerarse que un doping positivo tiene una implicancia social que excede lo meramente personal del deportista involucrado, debido a que la trascendencia del deporte mismo superó ampliamente dichas barreras. Frente a casos de este tipo se habla normalmente de la pérdida del prestigio del atleta; la pérdida de la fuente laboral; la desconfianza generada, hecho que también incluye al país de procedencia, que se ve como un trasgresor en algunos casos o permisivo y hasta alentador del doping en otros. Las consecuencias de esta práctica no son patrimonio del deportista exclusivamente, sino que también quedan involucrados los médicos, kinesiólogos, psicólogos y el entorno de cada uno de ellos.
Sin embargo esta realidad, a la que varios tenistas argentinos debieron enfrentarse por incurrir en la insana práctica, no debe ser un dedo acusador de alcance ilimitado. La recuperación de la personas debe considerarse una prioridad por sobre su recuperación deportiva. Propuestas como la proferida por el jugador croata, sin embargo, apuntan a un sentido de permanente sanción, algo tan temerario como alejado del sentido de actividad humana integrada que debe tener el deporte. De hecho, algo para denostar como el doping mismo.

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