Los laberintos del Presidente

Las denuncias por falta de transparencia y los conflictos con los organismos internacionales de crédito son algunos de los escollos que el Gobierno debe superar. Por Angel Anaya - Columnista.

22 Marzo 2007
Buenos Aires.- En la asamblea anual del Banco Interamericano de Desarrollo no han conseguido explicarse ciertas posiciones del Gobierno argentino que le restan transparencia y horizonte al crecimiento económico del país. Especialmente la calificadora de riesgo Standard & Poor´s (S), señera de las finanzas internacionales y que registra la pronunciada caída en la tasa de riesgo argentina, ha denunciado falta de transparencia del gobierno y, en consecuencia, “de equilibrio de poderes”.
Son los mismos puntos de vista de la gran mayoría de economistas locales calificados, a los que se suele vilipendiar desde el atril presidencial. Hay cosas, por cierto, realmente inexplicables que rápidamente lo serían si fuera posible el diálogo entre el poder supremo y quienes no opinan igual. El pensamiento y el diálogo son inseparables, decía Ortega y Gasset explicando a Sócrates, precursor de la democracia ideal. Y en efecto, más allá de la clonación a que se ha sometido al Indec, es muy difícil explicar que el poder supremo del actual régimen no quiera saber nada con el Fondo Monetario Internacional y hasta se ofenda cuando se habla del mismo después de saldar su deuda, pero siga integrándolo, lo cual no lo libra de que el organismo se refiera a la Argentina cuando lo considere necesario.

La llave del Club de París
Pero entre lo que se hace y el mundo financiero trata de explicarse sin el necesario diálogo socrático, surgen a veces laberintos para el presidente Kirchner y su ministra Miceli muy difíciles de recorrer.
El de ahora es con el Club de París, un conjunto acreedor de 6.450 millones de dólares, con el que sucesivos gobiernos nuestros renegociaron repetidamente. El Club está integrado por 19 países ricos y tiene como tradición normativa que las reestructuraciones con sus acreedores deben tener por antecedente un programa de reforma económica aprobado por el FMI. El acuerdo que Kirchner pretende ahora es la cancelación de su deuda en seis años, pero descarta en absoluto que el Fondo Monetario tenga algo que ver.
Hasta con un gesto con su brazo muy poco académico el Presidente descartó cualquier conversación para lo que fuere, con el FMI. Cómo se sale de ese laberinto es una incógnita muy intrincada para un año electoral, pues el discurso oficial sigue vituperando al Fondo mientras promete pactar con los acreedores del CDP.
De frontera para adentro se pueden hacer muchas cosas, mas para atravesarlas es necesario que el equipaje sea negociador y se adecue a las exigencias internacionales. Quienes lo revisan de hecho son, por cierto, los inversores quienes también se sienten ahora sin las seguras traducciones de la realidad por el Indec. (De nuestra Sucursal)



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