19 Marzo 2007 Seguir en 
Con el inicio del ciclo lectivo 2007, se reanuda la necesidad de abrir un debate serio y profundo sobre el rol que cumple la enseñanza de la educación física en los distintos niveles educativos de la provincia. Según los antecedentes de años recientes, hay demasiados aspectos que deben ser atendidos. Lo fundamental es que la materia no parece contar con la necesaria atención por parte de los responsables, justamente en una etapa formativa del individuo, que marca en buena forma el sistema de vida que adoptará en su juventud y en su adultez. Pero esta responsabilidad, que por lógica recae en los profesores, debe tener, sin embargo, un acompañamiento y un mayor compromiso de parte de las autoridades, ya no sólo de escuelas, colegios e institutos, sino también de las esferas oficiales.
Hay casos de instituciones que le dan al asunto la relevancia que debe tener. Por ello se constituyen en guía en cuestiones tales como nutrición, cuidados alimenticios, conocimiento del propio cuerpo y cómo cuidarlo, y prevención de enfermedades, entre otras cosas. Pero son los menos, generalmente por estar direccionados hacia la formación deportiva.
Otras le otorgan un lugar también protagónico, aunque tomando lo competitivo como punto central. Es decir, se enseña el qué, pero no se explica demasiado el cómo, ni el porqué de la materia.
Los más sólo la imparten como un espacio únicamente de esparcimiento para el alumno, un complemento al que los obliga la currícula, aunque sin un convencimiento y un conocimiento real de la importancia de efectuar trabajos físicos. Aquí hay incluso casos en los que se llega al extremo de darles apenas el elemento con qué jugar a los chicos y dejar que los minutos de la clase pasen.
Queda claro que muchos de los considerados males modernos de salud que aquejan -en general- a la población podrían ser minimizados en buen grado con una formación física adecuada. Las estadísticas de los últimos años son claras: el aumento de enfermedades cardíacas, de casos de trastornos alimenticios -que derivan, por ejemplo, en bulimia y anorexia-, de estrés, de malformaciones óseas y musculares, marcan un fuerte déficit de conocimiento y de puesta en práctica de los sistemas preventivos. Ello le otorga a la enseñanza de educación física un papel clave, como lo tiene en los países más desarrollados del planeta.
Ya no alcanza hoy sólo con proveer a las instituciones educativas de todos los elementos para practicar deportes. También se hace necesario, a la par de dotar las instalaciones de ámbitos adecuados para la práctica de las distintas disciplinas, de una jerarquización del profesor, que en muchos casos hoy debe deambular de un lugar a otro para poder sumar así horas de trabajo y alcanzar un salario digno.
Pero también se hace necesario que se establezca un sistema de visitas de profesionales médicos a las escuelas, ya no para detectar enfermedades, sino para enseñar beneficios y técnicas del cuidado físico, cuando no prevenir riesgos.
Y, como un desprendimiento lógico de estas propuestas, robustecer el rol de los juegos intercolegiales es sumamente importante. Los antecedentes marcan que este tipo de encuentros contribuye no sólo a aprender los fundamentos de la sana competencia. También constituyen un principio para expresiones ya federadas, cuando los jóvenes trasladan su pasión a los clubes y con ello le dan continuidad a la atención física. Por ello, alentarlos es estar a favor de la sociabilización de los chicos; del intercambio cultural; de su preocupación por estar y sentirse bien, pero también de la salud. Y ya se sabe, sin esto último, todo lo demás es secundario.
Hay casos de instituciones que le dan al asunto la relevancia que debe tener. Por ello se constituyen en guía en cuestiones tales como nutrición, cuidados alimenticios, conocimiento del propio cuerpo y cómo cuidarlo, y prevención de enfermedades, entre otras cosas. Pero son los menos, generalmente por estar direccionados hacia la formación deportiva.
Otras le otorgan un lugar también protagónico, aunque tomando lo competitivo como punto central. Es decir, se enseña el qué, pero no se explica demasiado el cómo, ni el porqué de la materia.
Los más sólo la imparten como un espacio únicamente de esparcimiento para el alumno, un complemento al que los obliga la currícula, aunque sin un convencimiento y un conocimiento real de la importancia de efectuar trabajos físicos. Aquí hay incluso casos en los que se llega al extremo de darles apenas el elemento con qué jugar a los chicos y dejar que los minutos de la clase pasen.
Queda claro que muchos de los considerados males modernos de salud que aquejan -en general- a la población podrían ser minimizados en buen grado con una formación física adecuada. Las estadísticas de los últimos años son claras: el aumento de enfermedades cardíacas, de casos de trastornos alimenticios -que derivan, por ejemplo, en bulimia y anorexia-, de estrés, de malformaciones óseas y musculares, marcan un fuerte déficit de conocimiento y de puesta en práctica de los sistemas preventivos. Ello le otorga a la enseñanza de educación física un papel clave, como lo tiene en los países más desarrollados del planeta.
Ya no alcanza hoy sólo con proveer a las instituciones educativas de todos los elementos para practicar deportes. También se hace necesario, a la par de dotar las instalaciones de ámbitos adecuados para la práctica de las distintas disciplinas, de una jerarquización del profesor, que en muchos casos hoy debe deambular de un lugar a otro para poder sumar así horas de trabajo y alcanzar un salario digno.
Pero también se hace necesario que se establezca un sistema de visitas de profesionales médicos a las escuelas, ya no para detectar enfermedades, sino para enseñar beneficios y técnicas del cuidado físico, cuando no prevenir riesgos.
Y, como un desprendimiento lógico de estas propuestas, robustecer el rol de los juegos intercolegiales es sumamente importante. Los antecedentes marcan que este tipo de encuentros contribuye no sólo a aprender los fundamentos de la sana competencia. También constituyen un principio para expresiones ya federadas, cuando los jóvenes trasladan su pasión a los clubes y con ello le dan continuidad a la atención física. Por ello, alentarlos es estar a favor de la sociabilización de los chicos; del intercambio cultural; de su preocupación por estar y sentirse bien, pero también de la salud. Y ya se sabe, sin esto último, todo lo demás es secundario.







