Plan de la Iglesia contra la droga

El proyecto propone dos pilares: prevención y asistencia. Por Guillermo Villareal - Agencia DYN.

18 Marzo 2007
La Iglesia Católica intentará contener las situaciones de marginalidad, sobre todo el flagelo de la droga, que estima es consecuencia directa de la pobreza en la que viven millones de argentinos, más allá de los índices oficiales alentadores.
Esta preocupación social de los obispos aspira a no quedar en un simple diagnóstico, sino a transformarse en una pastoral específica que incluya otros tópicos como el tráfico de personas y el trabajo infantil.
Sin excluir tampoco la alerta por la deficitaria atención en hospitales públicos o la propagación del dengue, que, al entender eclesiástico, forman parte de una problemática sanitaria “gravísima”, más allá de la polémica por la campaña del Ministerio de Salud para distribuir en forma gratuita “la píldora del día después”.
“A pesar de que molesta que no se informe sobre los efectos nocivos y abortivos del fármaco, esa -como tantas otras- son bombas de humo para distraer u ocultar situaciones de marginalidad real, fruto de la pobreza y la exclusión social”, dijo un portavoz habitual del Episcopado.
La relación marginalidad-pobreza será el punto central de debate durante la reunión de la Comisión Permanente del Episcopado que, con la presidencia del cardenal Jorge Bergoglio, se realizará la próxima semana en Buenos Aires.
El presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, monseñor Jorge Casaretto (San Isidro), será el encargado de trazar ante sus pares el cuadro de situación sobre la drogadicción, a fin de consensuar líneas de acción tendientes a la prevención y a la asistencia de adictos a la droga.
El informe que escucharán los obispos parte de la premisa general de que el abuso de drogas es “una pandemia” y, en particular, sobre el “alarmante” consumo de “paco”, una droga barata - $ 1 el gramo- y muy nociva, que se duplicó en el último quinquenio, sobre todo en zonas marginales.
Tras marcar que “la Iglesia se acerca al adicto con una propuesta evangélica sobre el hombre, desde los valores morales, humanos, cristianos, abierta para todos”, el documento sostiene que urge instrumentar una “estrategia adecuada” en la prevención y a favor de los drogadependientes.
El proyecto eclesiástico se sustenta en dos pilares: prevención, a fin de “educar a las nuevas generaciones en la vida cristiana, vivida en plenitud”, y asistencia, que -aseguran los obispos- “cifra sus esperanzas en llevar al drogadependiente al descubrimiento o redescubrimiento de la propia dignidad de hombre, hijo de Dios, ayudándolo a resurgir y a crecer, recuperando la libertad que la droga le quitó”.
Los hombres de la Iglesia consideran que es insuficiente la postura de la prohibición, a pesar de estimarla necesaria. Por eso proponen una mayor responsabilidad de las estructuras de la sociedad civil para proponer medios de vida alternativos. Destacan, en este sentido, la labor de las comunidades terapéuticas. “Para aquellos que ya han caído en la drogadependencia, es necesario implementar estrategias de asistencia y rehabilitación que exceden el tratamiento médico, porque la policausalidad de la adicción requiere la ayuda psicoterapéutica. Esta intervención irá dirigida no sólo al adicto sino también a su grupo familiar, junto con un adecuado apoyo espiritual”, se lee en el informe.
La estrategia eclesiástica plantea, además, que para asegurar el retorno del adicto a la posición de dignidad y libertad, se necesita del compromiso personal del paciente, pero también de la ayuda “imprescindible” de la familia.







Tamaño texto
Comentarios