Días de magullones

Alperovich incurrió en errores políticos que lo dejaron en una mala posición. Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción.

18 Marzo 2007
En pocos días cambió de discurso y revisó lo que había andado. ¿Qué ocurrió entre el lunes y el viernes? El gobernador José Alperovich venía a los tumbos y no hacía otra cosa que cosechar magullones. La desafortunada jugada con el ex sacerdote Javier Mieja Riquelme lo indispuso con el arzobispo Luis Villalba, quien prohibió a las parroquias recibir ayuda estatal del flamante funcionario alperovichista. Alperovich se cuidó de ahondar la brecha, pero las políticas del ministro kirchnerista de Salud Pública y Medio Ambiente, Ginés González García, no ayudan a mejorar los vínculos. El rechazo a la distribución de la "píldora del día después" que hizo público la conducción eclesial de Tucumán, por sus efectos presuntamente abortivos, es una prueba de eso. Pero la cuestión predominante en la agenda oficialista es la relación con Fernando Juri en la endiablada pelea por el dominio del Partido Justicialista en la esfera política, y con la Legislatura en la institucional. Ambas son caras de una misma moneda. A raíz de esa mezcla de cosas, Alperovich había encumbrado virtualmente al presidente de la Cámara como su más serio contrincante para la liza por la gobernación, en agosto próximo, pese a que la elección peronista no se había celebrado. Ante la certeza del revés legislativo que se avecinaba, el lunes llegó a profetizar: "Pobre de Tucumán si Juri llega a ser gobernador". La mayoría legislativa -amalgama de juristas y opositores- votó las leyes que no quería Alperovich y se abrió una nueva polémica que terminará en la Justicia. "Las injurias son impropias de un gobernador", retrucó Juri.
El duelo entre ambos jerarcas adelantó prácticamente una polarización que perjudicaba a terceras opciones. De estas, la más lesionada es el bussismo, cuya estructura es sacudida por periódicas escisiones. ¿Peligró realmente la gobernabilidad de Tucumán? En verdad, no. De hecho, de uno y de otro lado, siempre se miró al Poder Judicial como el árbitro final del ajuste a derecho de las leyes del escándalo. Es decir, se pensó operar dentro de los cauces previstos por el estado de derecho. Fueron escaramuzas políticas con proyecciones institucionales.

Lecturas encontradas
La aparente similitud entre la crisis riojana y el entredicho tucumano generó lecturas encontradas. Alperovich acusó a una alianza de juristas y bussistas de complicarle su gestión con iniciativas irresponsables. En realidad, los legisladores que parecían más cercanos a la junta de gobierno de FR, se abstuvieron de votar leyes irritativas a la Casa de Gobierno. Tal fue el caso de Carlos Canevaro, hasta su ruptura con el partido, por diferencias con los hermanos Luis José y Ricardo Bussi, con respecto a las futuras listas legislativas.
Juri le replicó a Alperovich recordando que Antonio Domingo Bussi encarceló a su padre, Amado Juri, en marzo de 1976, y que este promovió la no incorporación del gobernador procesista como diputado nacional. Por otra parte, la diputada nacional Stella Maris Córdoba, aliada de Juri en la lucha interna, nunca ocultó sus antipatías por el bussismo. No puede decirse, entonces, que el gobernador haya salido bien parado de ese choque .

Las razones del viraje
El desenlace del episodio riojano mostró que la Casa Rosada evitó involucrarse en una intervención federal de alto costo político. Dejó que las instituciones provinciales resolvieran la decapitación de Angel Maza, con quien se habían solidarizado varios gobernadores en la noche previa a la caída. Alperovich había estado entre ellos. Como buen aspirante al continuismo, Alperovich había opinado en una visita anterior a La Rioja, que el electorado debía decidir si Maza iba a a ser reelecto porque estaba en su derecho. Pero el vicegobernador Luis Beder Herrera y la reforma constitucional le privaron de la chance al gobernador destituido.
La complejidad del cuadro político doméstico y nacional pesó para que el gobernador llamara al diálogo a su segundo, a dos semanas de las elecciones internas. El vicegobernador no puede negarse a hacerlo por razones institucionales. La dinámica de los hechos instaló con fuerza creciente la figura de Juri y la idea de constitución de una alianza multipartidaria. En la Casa de Gobierno se encendió una luz de alarma para conjurar el riesgo y se decidió enfriar los preparativos bélicos.
La emergencia de otros candidatos a gobernador (Ricardo Bussi, Alejandro Sangenis, Mario Marigliano, entre otros) dispersa el riesgo de concentración opositora, escenario en el cual el oficialismo de desplaza como pez en el agua. Así ganó las elecciones de 2003 y de 2005. En el entorno del jurismo, la línea dura teme que Alperovich proponga un acuerdo que implique frenar la reacción disidente, otorgándole concesiones menores a su actual competidor. A quienes ocupan posiciones institucionales, no les desagradaría que cesen las disputas en la cima. Se esperanzan en su reelección. La pelota pasó del área de Alperovich a la de Juri.

Tiempos complicados
En la Corte Suprema de Justicia recaerá la resolución de un cúmulo de problemas, que denotan la creciente judicialización de la política. Algunos de ellos están vinculados con nuevas disposiciones de la Constitución de 2006, que han sido impugnadas con distintos argumentos. Vale citar, entre otras, a la Junta Electoral Provincial y al mecanismo de designación de jueces. Se estudian todavía en el fuero contencioso-administrativo. De un modo u otro, llegarán al máximo tribunal, donde fue reelecto Alfredo Dato, por dos años más. Este juez ha combinado dotes de comunicación, sensibilidad política y apego a los intereses del Poder Judicial en el período pasado. Al igual que en años anteriores, Dato estará bajo la lupa de los políticos y de los gobernantes.
La permanente apelación de la dirigencia a los Tribunales ignora, sin embargo, que los tiempos procesales no se compadecen con los de los políticos. Una causa iniciada por los dirigentes de derechos humanos Atilio Castagnaro y Marta Rondoletto, en mayo de 2003, en contra de la aceptación de la candidatura de Bussi a intendente de la capital, desembocó en la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Esta falló el 16 de noviembre de 2006 declarando abstracto el caso, porque Bussi había renunciado en setiembre de 2005, al cargo para el que había sido electo. La perentoriedad de los plazos electorales, no obstante, colocará contra las cuerdas a los jueces cimeros. En lista de espera para ser examinadas por los jueces, se hallan las leyes votadas por la Cámara el lunes. El legislador Ernesto Padilla -uno de los defensores de esos textos- asevera que Alperovich incurrirá en incumplimiento de los deberes de funcionario público, si se inclina por la no promulgación. "Cualquier conducta distinta de la que señala la Constitución habilita la denuncia penal y el análisis de su conducta a la luz del juicio político", asevera. El temple de los jueces cortesanos estará a prueba durante 2007.







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