El ajedrez del poder y la pérdida de la iniciativa

Por primera vez desde que asumió, el gobernador va detrás del Parlamento. De marcar la agenda de la Cámara, pasó a resistir, a duras penas, el embate legislativo. Por Alvaro José Aurane - Redacción LA GACETA.

15 Marzo 2007
Las blancas comienzan. Allí, tal vez, el único -e inevitable- desliz del ajedrez. Y no por cuestiones raciales, sino más bien operativas: si el que juega con esas fichas no se equivoca, no puede perder la partida. Como mueve primero, siempre será el atacante, mientras que las negras, desde el inicio (del partido y de la historia), sólo pueden defenderse. Pero si las blancas cometen un error, las negras contraatacan. El tablero político provincial parece haber seguido la misma lógica. Porque 2007 presenta una situación inédita: por primera vez, el gobernador, José Alperovich, ha perdido la iniciativa política.
Desde que comenzó el año, el jefe del Ejecutivo va detrás de la Legislatura. De marcar la agenda legislativa, a puro decreto, pasó a resistir, a fuerza de vetos, las leyes con que la Cámara lo jaquea. Se pasa los días maldiciendo a los legisladores, sin distinguir leales de opositores. Mientras tanto, no logra explicar por qué, con $ 5.000 millones de ingresos para este año, niega el 82% a los jubilados. Concederles ese derecho bien ganado, le representaría al Estado una erogación de sólo $ 35 millones anuales. Y objeta la ley que prohíbe las prácticas clientelísticas con el errado argumento de que sólo el Congreso nacional puede legislar sobre delitos electorales. Como explica el constitucionalista Luis Iriarte, repartir bolsones no es un delito sino una falta. De igual modo, el Parlamento local no legisla sobre delitos penales, pero sí sobre contravenciones.
¿En qué se equivocó Alperovich para quedar a la defensiva? En su decisión de pelear la interna por la conducción del PJ. Y en los términos en que la planteó. Mientras Fernando Juri trató de negociar hasta último momento la reedición de la fórmula de 2003 (“quiero ser el mejor vicegobernador de la historia”), el gobernador decidió no dejarle ni el PJ. Y, como advierte Zun Tsu en “El arte de la guerra”, si no se deja vía de escape al adversario, su única salida será ir al choque frontal.

Poca experiencia
Arriesgar un resultado sobre el 1 de abril es baladí. Pero, por lo pronto, sí hay un enfrentamiento que Alperovich está perdiendo: al decir del radical Ariel García, “la guerra de los nervios”. El lunes, mientras la Cámara volvía a descolocarlo, el gobernador, cual referente de la vieja política, imprecaba a Juri. Perdió la línea justo a un año de perder a su alfil político: Antonio Jalil se fue de la Secretaría general de la Gobernación el 12 de marzo de 2006, junto con el poco equilibrio que había en las relaciones del Ejecutivo con los otros poderes. La única pieza con movimiento político que queda es el ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez.
El mandatario pareciera no estar listo para enfrentar una oposición real. De hecho, no tiene experiencia en ese asunto: fue ministro de Economía en el mejor momento del mirandismo, y gobernador en la bonanza económica, con una Cámara que nada le negaba. Pobre: en esto de tener adversarios de peso le tocó debutar con los peronistas.

Tableros futuros
El alperovichismo no quiere sólo el PJ. Para el caso, si pierde la interna, puede perder la gobernación. Si triunfa por escaso margen, o gana el congreso pero pierde el consejo, debe ceder poder para ganar gobernabilidad. Y si gana holgadamente, se queda con un partido fracturado. Mucho riesgo a cambio de tantos peones. El objetivo real es  liquidar políticamente a Juri. Eso es el ajedrez: anular al otro rey.
En este caso, pareciera que el mandatario choca hoy pensando en el tablero de 2011. Si es reelecto en agosto, objetarán que, luego, busque un tercer mandato consecutivo. La cláusula constitucional que lo habilita riñe con el principio de igualdad ante la ley. ¿Por qué él, hipotéticamente, puede gobernar durante 12 años, y sus sucesores sólo ocho? A la par, en sus aspiraciones nacionales para el corto plazo también se ve lejos de la Casa de Gobierno. Y es ahí cuando, lejos de interpretaciones facilistas referidas a odios repentinos, comienza a entenderse la decisión de Alperovich de divorciarse de Juri, quien respaldó sus políticas durante tres años. Si el gobernador debe dejar el sillón de Lucas Córdoba en cuatro años, él titular de la Legislatura (sea quien fuere) será el candidato natural a suplantarlo. Así que cuando el gobernador se alarma ante la posibilidad que Juri lo suceda, tal vez no está refiriéndose a una fecha, sino que está ratificando que -llegado el caso- piensa dejarle el despacho a un alperovichista.
A esto, claro, se suma la vocación oficial por el copamiento institucional. Su último capítulo fue la incorporación del “padre Javier”, funcionario encargado de pagarles la luz a los curas pobres (es palabra de Alperovich). El Arzobispado mandó a enrocar a otra parte.
El 1 de abril, blancas y negras se trabarán en un cambio de piezas definitorio. Juri juega su futuro político. Y el alperovichismo, nada menos, arriesga a la Dama.









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