El brete de La Rioja
El Presidente se encuentra en la disyuntiva de intervenir la provincia o proteger al mandatario aliado. Ambas resoluciones le significarán costos políticos similares. Por Angel Anaya - Columnista.
15 Marzo 2007 Seguir en 
Buenos Aires.- En la Casa Rosada se ha manejado poco menos que a cara o ceca la intervención federal a La Rioja, mientras los acontecimientos, por momentos desfachados y ridículos, tomaban un ritmo y magnitud con muy raros precedentes, pues en ellos apareció desde el comienzo la importancia que en la mayoría de las provincias tienen las decisiones de Kirchner. Después de la singular experiencia electoral de Catamarca, donde justicialistas y radicales con internas en descomposición festejaron o se enfrentaron, tomando por eje el kirchnerismo, el escándalo riojano tiene un solo color y la disputa es de bandos con la misma filiación. El problema del poder central, que el gobernador Angel Maza ha provocado hasta el límite de lo posible para la intervención, es poner en claro con quien está la mayoría de los riojanos, una incógnita difícil de develar por el monopolio de las barras en los hechos de violencia. Por otra parte, la defensa del gobernador Maza implicaría aceptar la reelección indefinida que, si bien, funciona en Santa Cruz, fue descalificada después del grotesco electoral de Misiones. Tampoco es fácil para Kirchner dejarle rumbo libre al vicegobernador riojano Luis Beder Herrera, si no tiene una garantía de que finalmente le será fiel. Por último, quedaría abierto el camino a Jorge Yoma, ahora embajador en México pero firme compañero de ruta de la primera dama.Un duro compromiso
Si Kirchner no estuviera tan comprometido públicamente por los manejos oscuros de la concertación plural en las relaciones del poder central con las provincias, la magnitud de lo que acontece en La Rioja le permitiría sin ser afectado solicitar al Congreso la intervención federal preservando su carácter institucional de jefe del Estado. Pero no es así y no puede repetir, como ocurrió con Misiones, su alejamiento, ante la derivación violenta de los acontecimientos y el hecho de que la provincia ha quedado paralizada.
La fórmula según la cual quien no está conmigo está contra mí, ha sido puesta a prueba y la intervención federal de La Rioja será vista como otra muestra de hegemonismo centralista que difícilmente digiera la opinión silenciosa, esa que vota y no forma parte de los muestreos de opinión. Atenta a ese efecto, la oposición ha extremado su juicio al sostener sin mayores diferencias que los episodios riojanos son solubles en las propias instituciones provinciales, un juicio que hasta no pocos constitucionalistas comparten y que en los libros es correcto pero en la realidad política donde se desenvuelve el país no resulta posible.
La forma en que se resuelva el problema después de una eventual intervención federal, dejará huellas, sin duda, sobre un año electoral donde las urnas funcionarán varias veces antes de las nacionales. (De nuestra Sucursal)
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