El eterno problema del agua

La falta de inversiones y la elevada morosidad.

08 Octubre 2002
Suele decirse que el hombre valora lo que tiene sólo cuando lo pierde. Esta expresión puede complementarse con el dicho "llorar sobre la leche derramada". Ese cuerpo incoloro, inodoro e insípido que se halla en gran abundancia en la naturaleza es el agua. Sin embargo, este elemento esencial para la vida nunca ha sido demasiado apreciado por los últimos gobiernos ni tampoco por los tucumanos que viven en la capital y sus alrededores. El dique El Cadillal, que actualmente lleva el nombre de su impulsor, Celestino Gelsi, fue construido para aprovechamiento energético y para riego y, en última instancia, para proveer de agua a San Miguel de Tucumán. En realidad, la ley de construcción del embalse fue promulgada en 1903, durante la gestión de Lucas Córdoba; pasarían 62 años hasta hacerse realidad.
Como ocurre con frecuencia en esta provincia, los gobiernos posteriores a la inauguración de la presa en 1965 no realizaron inversiones significativas -sólo se ocuparon esporádicamente del mantenimiento- y el embalse se fue colmatando paulatinamente hasta el punto de que su vida útil expiraría en pocos años más, según el pronóstico de algunos especialistas. Tampoco se hicieron inversiones en el sistema de agua potable y de cloacas, que se encuentra obsoleto desde hace ya varios lustros.
Los problemas ocasionados por la prolongada sequía estacional (ya se cumplieron 112 días sin lluvias de significación), y el calor de las últimas jornadas provocaron un exceso de consumo y la consecuente escasez de agua en algunas zonas de Yerba Buena, donde en muchos barrios los vecinos llenaron las piletas de natación y regaron las calles y los jardines. En San Javier, por ejemplo, los cortes del servicio duran dos o tres días desde hace una quincena.
Un funcionario de Obras Sanitarias de Tucumán (OST) estimó que el nivel del dique El Cadillal aún está lejos de la marca crítica, pero advirtió que el mayor consumo que el que habitualmente se observa durante el período de calor seco podría plantear algún problema en el futuro inmediato.
Por otro lado, el derroche de agua es más que significativo. Se sabe que en la provincia se consume más del doble de líquido que el promedio de la Capital Federal, según cifras estadísticas: 564 litros por día por persona, frente a 250 litros diarios por cada habitante porteño. La diferencia es mayor si se compara con los países europeos, donde el consumo es de 150 litros por día, por persona.
A ello se suma la alta morosidad del 43% de los usuarios que ocasiona que mensualmente Obras Sanitarias Tucumán deje de recaudar $ 2 millones y que pierda $ 1 millón. Tal es la crisis de la OST -actualmente gerenciada por el Ente Nacional de Obras Hídricas y Saneamiento (Enohsa)- que, desde que se le rescindió el contrato de concesión de los servicios a la Compañía de Aguas del Aconquija en 1998, acumula un déficit de más de $ 40 millones.
Los gobiernos de turno no se han preocupado por educar y concientizar a la ciudadanía respecto del pago del servicio del agua y, lo que es más grave aún, tampoco se encararon soluciones concretas para evitar la colmatación definitiva del embalse, ni se abordó con visión de futuro la provisión de agua de la ciudad, una vez que la presa se vuelva inútil.
El ciudadano tampoco ha tomado conciencia de que si no paga un servicio público no sólo impide el mantenimiento de este, sino que contribuye a su deterioro. Por otro lado, la Provincia le debe $ 3 millones al Enohsa.
Se trata, sin duda, de un problema eterno y complejo que pone en evidencia la ineptitud de los gobiernos para dar soluciones de fondo a un asunto tan delicado y el estado de incultura de aquellos ciudadanos que, amparados en la ausencia de penalizaciones, insisten en su conducta de morosos y de derrochones perjudicando a toda la comunidad.
Se dice a menudo que la naturaleza es sabia, de manera que esta prolongada sequía parecería acompañar a esta sequía ética, moral, de compromiso, de transparencia y de ideas que se ha apoderado de Tucumán. Si no se encara globalmente el problema del agua en forma inmediata, lloraremos en pocos años sobre la leche derramada. Pero será demasiado tarde.

Tamaño texto
Comentarios