07 Octubre 2002 Seguir en 
En múltiples ocasiones hemos puntualizado en este comentario la necesidad de que se eliminen, de las veredas, ciertos obstáculos desgraciadamente frecuentes y que resultan muy peligrosos.
Nos referimos a una serie de salientes metálicos que presenta su superficie: a veces se trata de trozos de columnas que no fueron cortadas a ras del embaldosado, y otras veces es el soporte que quedó de recipientes de basura que ya no están.
Quien va caminando y no advierte estos elementos extraños, puede sufrir una caída de serias consecuencias, sobre todo en el caso de las personas ancianas.
Pareciera obvio sostener que es obligación de la autoridad proceder a normalizar debidamente el espacio destinado a los transeúntes, y terminar con la amenaza que estas salientes metálicas representan para el paso. Ello debiera completarse, por cierto, con el cierre de los agujeros abiertos a causa de las tapas faltantes, que tanto abundan en las aceras de nuestra capital.
No puede admitirse que pasen los años y que no se modifique en absoluto la situación de referencia.
Nos referimos a una serie de salientes metálicos que presenta su superficie: a veces se trata de trozos de columnas que no fueron cortadas a ras del embaldosado, y otras veces es el soporte que quedó de recipientes de basura que ya no están.
Quien va caminando y no advierte estos elementos extraños, puede sufrir una caída de serias consecuencias, sobre todo en el caso de las personas ancianas.
Pareciera obvio sostener que es obligación de la autoridad proceder a normalizar debidamente el espacio destinado a los transeúntes, y terminar con la amenaza que estas salientes metálicas representan para el paso. Ello debiera completarse, por cierto, con el cierre de los agujeros abiertos a causa de las tapas faltantes, que tanto abundan en las aceras de nuestra capital.
No puede admitirse que pasen los años y que no se modifique en absoluto la situación de referencia.







