Hora de apostar a la cordura colectiva

Por Nora Lía Jabif - Redacción LA GACETA.

03 Marzo 2007
La masiva marcha docente de ayer fue un factor de presión ante el Gobierno y una pulseada interna entre gremios del sector. Los chicos, de rehenes.

La frase del título no le pertenece a esta columnista. Aquel o aquella que la inspiró sabrá perdonar el robo. Pasa que esa expresión de deseo debería ser la síntesis de lo que merecen los miles de chicos tucumanos que el jueves no pudieron empezar las clases. Es cierto que el camino no está allanado como para un comienzo tranquilo, pero la primera reflexión que se impone en circunstancias como esta es que cada vez que hay paro docente, los chicos se convierten en rehenes de la protesta. Otra verdad indudable es la legitimidad del reclamo salarial, porque un básico de $420 para docentes que pasan horas frente al aula, en condiciones psicosociales cada vez más complicadas no es un salario serio, y el aporte del Gobierno nacional no resuelve el fondo de la cuestión.
Pero hay otras verdades, y es que los padres bien podrían esgrimir que se está atentando en contra del derecho constitucional a tener educación. Del otro lado, los cinco gremios que ayer reventaron la plaza Independencia pueden esgrimir -como lo hicieron- que también los asiste el derecho constitucional a protestar. También es irrefutable que el paro estalla en medio de la interna peronista. Y que, aunque haya dirigentes docentes que insistan en que sus adhesiones políticas lo son “a título individual”, las esquirlas de la interna también impactan en el aula.
La contundencia de la protesta en la plaza seguramente habrá sido un mensaje para el gobernador José Alperovich, que no puede aducir que hubo falta de representatividad: se calcula que hubo 4.500 personas en el paseo público, lo que significa más del 15% de la plantilla docente de la Provincia.
Más de un memorioso de los años 60 recordará que Celestino  Gelsi, el gobernador tucumano que pasó a la posteridad por su impulso a la obra pública, también cosechó el encono del sector docente, entre cuyos dirigentes se destacaban nombres connotados del viejo gremialismo combativo como los de los hermanos Arancibia. Alperovich -que pone énfasis en la obra pública- con seguridad ya ha tomado nota de esa página de la historia tucumana.
Si la movilización a la plaza fue una señal de advertencia para la Casa de Gobierno, también lo fue hacia el interior de la corporación docente. Ayer compartieron tribuna los cinco gremios en los que se reparte el sector. No sólo los unió el reclamo salarial por un básico más digno, sino que también fue una oportunidad para medir fuerzas. La dirigencia de ATEP, aunque no lo diga en público, sabe que la UDT le ha quitado afiliados en los últimos años.

Un espejo
Conscientes de esa situación, las huestes del profesor César Zelarayán saben también que, si la semana próxima ATEP decide volver a clases, y no lo hacen la UDT y Sadop, las aulas serán el espejo de la pulseada que protagonizan esos dos sectores.
Así las cosas, el Gobierno provincial hace números. Hasta aquí, Alperovich se había plantado en que la Provincia no tiene un peso más. Sin embargo,cuando las papas queman - y este puede ser el momento- el Fondo financiero contracíclico de la Provincia, estimado en unos $400 millones, puede ser una opción para ponerle paños fríos al hervidero, y restaurar así -por el bien de los chicos- la cordura colectiva.