03 Marzo 2007 Seguir en 
Uno de los pilares indispensables para el desarrollo y el crecimiento de la economía de un país o de una región es un sector productivo pujante, con el concurso de inversiones desde el sector privado y con el apoyo desde el Estado a través de políticas de promoción y de fomento. Además, les cabe a los gobiernos provinciales y al Estado nacional la responsabilidad de garantizar la existencia y la conservación en excelentes condiciones de la infraestructura necesaria para que los emprendimientos productivos puedan funcionar sin tropiezos. De poco sirve que, por ejemplo, se registren precios favorables y una demanda creciente -combinados con una producción de alta calidad y a valores competitivos- si es que los bienes producidos no pueden ser transportados eficientemente hasta sus lugares de destino. El ejemplo sirve para poner de manifiesto la importancia que tiene una red caminera racionalmente trazada y en buenas condiciones durante todo el año.
Las extraordinarias lluvias que cayeron sobre Tucumán, en las zonas en las que nacen los cursos de agua que atraviesan el territorio provincial, provocaron -entre otros desastres y destrozos- el anegamiento de zonas bajas y el desborde de ríos. El escurrimiento de la masa líquida tuvo consecuencias devastadoras sobre los caminos, fundamentalmente sobre los que conforman la red secundaria y terciaria. Precisamente, son esas las vías de comunicación que emplean los productores agropecuarios de la región para transportar el producto de la cosecha.
La magnitud de fenómeno climático se sumó a los daños producidos por efectos de la falta de inversiones de mucho tiempo en los caminos. El cálculo de las sumas necesarias para hacer frente a las tareas de reparación y rehabilitación de las vías de comunicación arrojó resultados alarmantes, al punto que los responsables del área admitieron que la concreción de todas las tareas necesarias era materialmente imposible. En consecuencia, se determinaron prioridades para atender con los recursos existentes los trabajos de reparación en las zonas consideradas más estratégicas. Los otros sectores afectados tendrán que esperar y, mientras tanto, las vías de comunicación permanecerán poco menos que intransitables siempre y cuando nuevas tormentas no empeoren aún más la situación.
Muchas veces se ha dicho que la planificación y la prevención permiten emplear con mayor eficiencia los recursos de que se dispone y evitan que se presenten problemas que generan consecuencias desastrosas, cuya posterior solución demanda mayores gastos. No es una novedad que el verano es una estación lluviosa en toda la región y que, cíclicamente, se producen en los meses del estío tormentas de gran envergadura. Es por eso que un trabajo de prevención sobre la red vial debe hacerse de un modo programado, y, especialmente, sistemático. Una política que contemple la participación responsable del sector productivo en esas tareas podría constituirse en una de las claves del cometido. Es decir que debe tomarse conciencia desde el Gobierno que el mantenimiento de la red vial secundaria y terciaria tiene que ser una tarea permanente, para asegurar que los centros de producción no queden aislados. Trabajar sobre la coyuntura, reparando los daños de manera provisoria y parcial, significa que habrá zonas que quedarán indefectiblemente relegadas, con consecuencias nefastas para los emprendimientos afectados.
Una provincia cuya economía quiere fundar sus bases en la producción no puede tener una infraestructura vial endeble y vulnerable a los efectos del clima. Del buen estado y de la seguridad de los caminos depende, en gran medida, la generación de la riqueza que contribuirá a elevar el nivel de vida de los pobladores de toda la región.
Las extraordinarias lluvias que cayeron sobre Tucumán, en las zonas en las que nacen los cursos de agua que atraviesan el territorio provincial, provocaron -entre otros desastres y destrozos- el anegamiento de zonas bajas y el desborde de ríos. El escurrimiento de la masa líquida tuvo consecuencias devastadoras sobre los caminos, fundamentalmente sobre los que conforman la red secundaria y terciaria. Precisamente, son esas las vías de comunicación que emplean los productores agropecuarios de la región para transportar el producto de la cosecha.
La magnitud de fenómeno climático se sumó a los daños producidos por efectos de la falta de inversiones de mucho tiempo en los caminos. El cálculo de las sumas necesarias para hacer frente a las tareas de reparación y rehabilitación de las vías de comunicación arrojó resultados alarmantes, al punto que los responsables del área admitieron que la concreción de todas las tareas necesarias era materialmente imposible. En consecuencia, se determinaron prioridades para atender con los recursos existentes los trabajos de reparación en las zonas consideradas más estratégicas. Los otros sectores afectados tendrán que esperar y, mientras tanto, las vías de comunicación permanecerán poco menos que intransitables siempre y cuando nuevas tormentas no empeoren aún más la situación.
Muchas veces se ha dicho que la planificación y la prevención permiten emplear con mayor eficiencia los recursos de que se dispone y evitan que se presenten problemas que generan consecuencias desastrosas, cuya posterior solución demanda mayores gastos. No es una novedad que el verano es una estación lluviosa en toda la región y que, cíclicamente, se producen en los meses del estío tormentas de gran envergadura. Es por eso que un trabajo de prevención sobre la red vial debe hacerse de un modo programado, y, especialmente, sistemático. Una política que contemple la participación responsable del sector productivo en esas tareas podría constituirse en una de las claves del cometido. Es decir que debe tomarse conciencia desde el Gobierno que el mantenimiento de la red vial secundaria y terciaria tiene que ser una tarea permanente, para asegurar que los centros de producción no queden aislados. Trabajar sobre la coyuntura, reparando los daños de manera provisoria y parcial, significa que habrá zonas que quedarán indefectiblemente relegadas, con consecuencias nefastas para los emprendimientos afectados.
Una provincia cuya economía quiere fundar sus bases en la producción no puede tener una infraestructura vial endeble y vulnerable a los efectos del clima. Del buen estado y de la seguridad de los caminos depende, en gran medida, la generación de la riqueza que contribuirá a elevar el nivel de vida de los pobladores de toda la región.







