02 Marzo 2007 Seguir en 
MADRID.- Una mujer española que sufre de distrofia muscular obtuvo oficialmente el derecho a morir que reclamaba desde hace años, tras una decisión del gobierno regional andaluz, que autorizó que se le desconectara la respiración asistida.
El método artificial mantiene en vida a Inmaculada Echevarría, de 51 años, postrada en cama en un hospital de Granada desde hace nueve años.
Las autoridades regionales tomaron esa decisión después de que el Consejo Consultivo de Andalucía determinara que la petición de Inmaculada Echevarría se inscribía en la ley sobre los derechos de los pacientes de 2002, que autoriza a una persona enferma con plenas facultades mentales a rechazar un tratamiento.
Rechazo al tratamiento
Los responsables andaluces se valieron del dictamen positivo del Consejo consultativo y del Comité regional de Ética que consideran que la solicitud de la enferma se funda en el rechazo de tratamiento, un derecho reconocido por la ley española que, en cambio, rechaza la eutanasia.
La enferma, que sufre una distrofia muscular desde la infancia y que se encuentra totalmente paralizada, había vuelto a animar en noviembre el debate sobre la prohibición de la eutanasia en España, abogando frente a los medios por una "muerte digna y sin dolor".
"Estoy harta de vivir así y de depender de todo el mundo, quiero una inyección que me paralice el corazón", dijo entonces. (AFP)
El método artificial mantiene en vida a Inmaculada Echevarría, de 51 años, postrada en cama en un hospital de Granada desde hace nueve años.
Las autoridades regionales tomaron esa decisión después de que el Consejo Consultivo de Andalucía determinara que la petición de Inmaculada Echevarría se inscribía en la ley sobre los derechos de los pacientes de 2002, que autoriza a una persona enferma con plenas facultades mentales a rechazar un tratamiento.
Rechazo al tratamiento
Los responsables andaluces se valieron del dictamen positivo del Consejo consultativo y del Comité regional de Ética que consideran que la solicitud de la enferma se funda en el rechazo de tratamiento, un derecho reconocido por la ley española que, en cambio, rechaza la eutanasia.
La enferma, que sufre una distrofia muscular desde la infancia y que se encuentra totalmente paralizada, había vuelto a animar en noviembre el debate sobre la prohibición de la eutanasia en España, abogando frente a los medios por una "muerte digna y sin dolor".
"Estoy harta de vivir así y de depender de todo el mundo, quiero una inyección que me paralice el corazón", dijo entonces. (AFP)
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