Cheney supo de cerca lo que es un atentado en Afganistán

Un atacante talibán pudo llegar a la entrada de la principal base militar estadounidense. Los rebeldes dijeron que el vicepresidente de EE.UU. era el objetivo. Las dudas. Un fuerte golpe mediático.

DESPUES DEL SUSTO. El número dos del gobierno estadounidense es recibido en Kabul por el presidente afgano, Hamid Karzai. REUTERS
DESPUES DEL SUSTO. El número dos del gobierno estadounidense es recibido en Kabul por el presidente afgano, Hamid Karzai. REUTERS
28 Febrero 2007
KABUL.- El vicepresidente de EE.UU., Dick Cheney, comprobó de primera mano que la seguridad en Afganistán está lejos de ser satisfactoria. Ayer, mientras desayunaba en la superprotegida base norteamericana de Bagram, al norte de Kabul, todo el campamento fue sacudido por una explosión. Un talibán había conseguido penetrar hasta la entrada de la base estadounidense más importante en Afganistán, donde Cheney había pasado la noche. Allí se inmoló.
Según fuentes afganas, murieron 16 personas. El Pentágono cifró en ocho las víctimas, entre ellas dos soldados y un contratista, como se llama a los que consiguen un trabajo como encargado de seguridad en las guerras.

El gran interrogante
“El objetivo era Dick Cheney”, anunciaron rápidamente los rebeldes. Sin embargo, fuentes militares y observadores del conflicto creen que el ataque estaba dirigido a la base, no al número dos de Washington. En realidad, Cheney, que había llegado de visita sorpresa a Afganistán, tenía previsto originalmente reunirse el lunes, en Kabul, con el presidente afgano, Hamid Karzai, pero una intensa nevada imposibilitó que volara los 60 kilómetros que separan la base de la capital. La reunión se aplazó y Cheney, que  se hallaba de gira por la región, decidió el lunes por la noche prolongar su visita.
Ayer, después del atentado, voló hacia Kabul para hablar con Karzai sobre la lucha contra el terrorismo y la desoladora situación de inseguridad que se vive en el país asiático. Estados Unidos lideró a fines de 2001 una campaña militar en Afganistán, luego de los atentados del 11-S. El objetivo fue derrocar al régimen talibán, que daba protección a Osama bin Laden. El régimen cayó, pero los talibanes se repusieron y se hallan ahora en plena ofensiva. Estados Unidos y sus aliados quieren impedir a toda costa que los rebeldes retomen la iniciativa. Gran Bretaña, Dinamarca y Australia enviarán más tropas. Estados Unidos ya lo hizo, y tiene actualmente 27.000 soldados en Afganistán. Los líderes talibanes esperan que la mayor presencia militar extranjera inflame los ánimos de los afganos y los lleve a incorporarse masivamente a sus filas. Los rebeldes nunca antes habían llegado tan cerca de un funcionario de tan alto rango de su archienemigo. Además, lograron humillar al vicepresidente, que debió ponerse a salvo de un peligro que sus propios oficiales daban por eliminado. (DPA)








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