La vuelta de las sospechas

Mientras el Congreso está sentado en el banquillo de los acusados, en el PJ la polémica no se detiene.

06 Octubre 2002
Por Carlos Abrehu

Existe un desajuste entre la demanda social y la oferta política. Se registra también un divorcio entre la lógica institucional y la política.
A eso se suma el clima de poca transparencia que rodea el funcionamiento de engranajes del Estado, en medio de una situación de aguda crisis socioeconómica. Y el resultado no puede ser otro que el desencanto colectivo.
Dentro de ese cuadro crítico, los escándalos no dejan de hacer blanco en las dos cámaras del Congreso.
En el Senado, la ex fiscal Malvina Seguí consiguió revertir la difícil posición en que la había colocado una versión que la vinculaba a una exigencia de coimas a los bancos para frenar un proyecto de ley (su autor es Luis Barrionuevo) que beneficiaba al gremio bancario. De acusada pasó a acusadora, con otros senadores bajo el foco de la sospecha.
Y aunque la historia está lejos de aclararse, Seguí se anotó una victoria política durante la semana pasada, ya que los hechos probaron que Carlos Bercún era el nexo de los bancos con el Senado. Ella había puesto énfasis en el papel de ese intermediario, cuando forzó un voto de solidaridad del Senado a su tarea, en la sesión del 18 de setiembre.
Bercún también trabajaba para el Ministerio de Economía de la Nación por un contrato de $ 230.000 anuales, que le fue rescindido el viernes. Hasta entonces sus patrones eran insólitamente el Estado nacional, la Asociación de Bancos Argentinos (ABA) y el Citibank.

Al igual que en 2000
Las conducciones de los bloques de PJ y de la UCR decidieron enredar todo cuando el Senado aprobó el miércoles una declaración rimbombante en contra de un grupo de banqueros nacionales y extranjeros.
Antes de la sesión, el radical Rodolfo Terragno y el republicano Pablo Walter discreparon en la comisión de Labor Parlamentaria con el planteo bipartidista. Entendían que se trataba de una maniobra distractiva que entorpecería la investigación. Seguí y Cristina Fernández de Kirchner opinaron en forma coincidente. Los banqueros se hicieron los ofendidos y no declararon en el Senado.
Walter, además, denunció que el proyecto de Barrionuevo sólo fue tratado en la comisión de Trabajo que él preside. En forma deliberada no se giró tampoco el asunto a las comisiones de Finanzas y de Legislación General del Senado. "Se ocultó el sentido económico de la ley", reprochó Walter.Seguí aún no zafó, pero lo cierto es que se rompieron los códigos de silencio corporativo.
A dos años de la renuncia de Carlos "Chacho" Alvarez a la vicepresidencia de la Nación (el aniversario se cumple hoy) el Senado está sentado como entonces, en el banquillo de los acusados, por las recurrentes versiones de coima.
En Diputados, el ex ministro José Ricardo Falú -junto con otros cuatro pares del Grupo Talcahuano- sacudió el ambiente con acusaciones de que se pagan sobresueldos.
La bomba estalló dentro del bloque oficialista, cuando impulsaba el rechazo del juicio político a la Corte Suprema de Justicia.
Falú quemó las naves en defensa de su coherencia, ya que dictaminó por la destitución del alto tribunal de la Nación. Le cobrarán factura por esa actitud.
En ese clima enrarecido por el envenenado disparo del Grupo Talcahuano, los diputados oficialistas están entre la espada y la pared. "Así no se puede sesionar", adelantó José Vitar (ARI). Y a Eduardo Duhalde ninguno de esos alborotos le cayó bien, porque lo alcanzan de lleno a él también.

Las cavilaciones eternas
Hay atisbos ciertos de que Duhalde quiere estirar el calendario electoral más allá de las fechas anunciadas.
La movida presidencial estaría enderezada a alargar la entrega del poder en diciembre de 2003 y no en mayo. Si la incipiente mejoría de la economía se llega a derrumbar, la idea se archivaría fatalmente.
La Casa de Gobierno se arrepintió de hacer la elección de candidatos a senadores y diputados para diciembre, en forma simultánea con la de los postulantes a la sucesión de Duhalde.
En realidad, Julio Miranda apostó a despegar la elección provincial de la nacional porque no quiere obstruir ninguna salida. No desautoriza a José Alperovich ni tampoco a Fernando Juri en sus proyectos de ser candidatos a la gobernación para 2003.
En las proximidades del poder tampoco se descarta llamar a elecciones de convencionales constituyentes aprovechando el clima triunfalista que generaría la victoria del peronismo en la liza por la presidencia de la Nación. Miranda bien podría entonces calibrar con más certeza qué le conviene hacer.
La política, sin embargo, no se detiene ante las indecisiones de algunos de sus protagonistas de primer nivel. El lunes pasado, Alperovich exageró su reacción ante Alberto Herrera para demostrar que no se detendrá en su plan de hacer pie en el peronismo. El diputado pagó un precio por haber sido el primero que salió a hacer campaña electoral por Alperovich en 2001, cuando este pretendía una banca en el Senado.
Si algo parece que se descartó en derredor de Alperovich es repetir la experiencia del partido propio que se asocia al peronismo en un frente electoral. El modelo de Surgimiento Innovador (el partido de Ramón Ortega) dejó enseñanzas negativas, que en derredor del senador esperan no repetir.
Olijela Rivas desechó por completo a Alperovich y avaló al ex juez federal Ricardo Maturana. Alrededor de la diputada se cree que Alperovich ya fue recompensado en exceso por el peronismo.Otros actores se anotaron. Los legisladores Osvaldo Cirnigliaro y Julio Díaz Lozano se proponen disputarle la hegemonía del partido al pacto Miranda-Rivas, desde la corriente "Movimiento Peronista". Díaz Lozano simpatiza con Adolfo Rodríguez Saá, pero separará las aguas. Los dos están seguros de que sus movimientos fastidian al aparato gobernante. El ataque sistemático de los legisladores oficialistas durante la sesión del jueves les reforzó esa convicción.
La pelea interna del distrito no eclipsó las tomas de posiciones ante los distintos precandidatos presidenciales. Alejandro Sangenis y José Alberto Cúneo Vergés se alinearían con José Manuel de la Sota, y Antonio Guerrero se ubica con Rodríguez Saá. Todos fueron colaboradores de Miranda. Una ficha para cada nombre.

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