Aprender de la duda y de la crítica
La avidez por conocer mantiene vivo el espíritu de quien tiene ambición de superarse, para su provecho y para el de la sociedad. Por Juan Carlos di Lullo - Redacción LA GACETA.
25 Febrero 2007 Seguir en 
Si hay una actividad humana que puede reclamar el título de propiedad en la búsqueda de la verdad, esta es la ciencia. Pero hace tiempo que se entendió que aún las "verdades más evidentes" fueron cayendo frente a nuevas evidencias (piénsese en la certeza de que la Tierra estaba fija y de que era el Sol el que se movía alrededor de ella). Y los auténticos científicos dan lecciones de humildad. Las ciencias utilizan diferentes métodos, pero para el filósofo Karl Popper, el que debe prevalecer es el de ensayo y error: descubrir un problema, arriesgar una posible respuesta (una hipótesis o conjetura) y someterla a la crítica. Si no puede ser refutada sólo significa que tiene un alto grado de posibilidad de ser verdadera y se la sostiene mientras no aparezca un hecho que la refute, o una teoría mejor. De esta forma es como avanza la ciencia. Es por eso que los científicos sostienen que se aprende más de los errores que de los éxitos; los experimentos fallidos hacen caer las hipótesis, mientras que los ensayos exitosos no despejan totalmente la posibilidad de que, escondida en algún impensado recoveco, exista la contraprueba que acabe definitivamente con la teoría enunciada.
Contra lo que pueda pensarse, el método de ensayo y error no es excluyente de las ciencias. Cuando un artista inicia el camino que culminará en una creación, pone todos sus recursos técnicos y la inspiración de su sensibilidad para conseguir el mejor de los resultados. A menudo, la tarea insume un largo tiempo, durante el que a veces se siente en un callejón sin salida; en esos casos, una visión externa puede aportarle una clave que lo saque de la parálisis creativa. Sus herramientas técnicas, su profesionalismo y el impulso creativo de su intuición lo llevarán, en el mejor de los casos, a concretar lo que el artista siente como una obra consistente, original y con méritos reales. Cuando la exponga percibirá la imagen que le espeja el público; necesitará entonces una enorme humildad y un espíritu amplio para aceptar los puntos de vista y las interpretaciones diferentes que su obra puede generar. En la posibilidad de tomar de esas críticas todos los aspectos positivos reside en gran medida en la capacidad de crecimiento y de aprendizaje del artista.
Desde luego que ha de reconocerse entre las críticas aquellas que van dirigidas a colaborar con el proceso creativo, ya que abundan los comentarios expresados con el único fin de descalificar, sin otro objetivo que buscar el lucimiento intelectual de quien lo enuncia y con una absoluta falta de respeto hacia el trabajo realizado. Pocos elementos valiosos se encontrarán en ese tipo de comentarios; pero aun así, si se tiene un verdadero interés por progresar, hasta la crítica menos objetiva puede aportar algún concepto que merezca atención.
Aldo Rico hizo famosa una frase cuando lideró el levantamiento "carapintada" en enero de 1988. "La duda es una jactancia de los intelectuales", dijo, con un encorsetamiento mental muy en línea con la vida en los cuarteles, pero absolutamente reñido con el pensamiento científico.
La duda es el motor del conocimiento. La crítica ayuda a crecer y enriquece a los espíritus dispuestos a no aferrarse tozudamente a su propia visión de las cosas. La humildad abre el cerebro y admite el pensamiento diferente. La avidez por aprender mantiene vivo el espíritu del ser humano con ambición de superarse, para su provecho y el de su comunidad. Es bueno que los jóvenes lo tengan presente; quienes alcanzan la madurez han sufrido ya suficientes golpes en su vanidad como para desconocerlo, aunque muchas veces lo intenten.







