Escalada de reclamos por problemas ambientales

25 Febrero 2007
Los informes que se han difundido en los últimos años -y, en especial, desde el comienzo del nuevo milenio- acerca de la contaminación ambiental, el calentamiento global y las catástrofes ecológicas, han ido conformando una conciencia cada vez más aguda sobre este tipo de problemas. El tema es de capital interés, puesto que se refiere a la posibilidad de que el planeta se esté convirtiendo en un lugar en el que la vida de numerosas especies -incluida la humana- está amenazada.
Las advertencias acerca de los peligros del crecimiento del agujero de ozono, de las consecuencias de la tala indiscriminada de bosques, de la desaparición progresiva de la selva amazónica y de la contaminación de los cursos de agua no hacen otra cosa que pintar con crudeza que los intereses de determinados sectores -que involucran a los gobiernos de países poderosos- predominan sobre el derecho que todos los seres humanos tienen a la preservación de su medio ambiente.
Los momentos previos e inmediatamente posteriores al estallido social que se produjo a causa de la crisis que alcanzó su pico a fines de 2001 hicieron que la principal preocupación de la gran mayoría de los argentinos pasara por los problemas económicos. Los reclamos y las protestas populares, en consecuencia, se centraron naturalmente en ese aspecto. En los últimos años, la amenaza de una crisis de ese tipo parece haberse alejado, y muchas de las protestas colectivas de los habitantes de distintos puntos del territorio nacional se producen por otros motivos. Uno de los más frecuentes es el reclamo por las amenazas -concretas o potenciales- sobre las condiciones de vida de distintos grupos de vecinos. Y es necesario señalar que, con llamativa frecuencia, las manifestaciones vecinales derivan en cortes de las vías de circulación, ya sea por la celebración de asambleas para tomar decisiones o como recurso para llamar la atención de las autoridades y la del resto de la comunidad.
El primer ejemplo que surge es el del dilatado y aún no resuelto conflicto por la instalación de plantas papeleras en la margen oriental del río Uruguay; los cortes de rutas -que en el caso del paso Gualeguaychú-Fray Bentos lleva ya más de tres meses ininterrumpidos- se han convertido en un hecho habitual y la disputa continúa en una escalada de imprevisibles consecuencias.
En nuestra región se está viviendo el caso de las protestas de los habitantes de Santiago del Estero, porque la contaminación de la cuenca del Salí está provocando cuantiosos daños en el embalse del dique Frontal y aguas abajo del río Dulce. Los activistas de estos reclamos se hicieron oír en varias oportunidades en la propia plaza Independencia, para reclamar la atención del Gobierno tucumano sobre el problema. Pero ahora han decidido llevar adelante cortes sobre la ruta 9, que comenzaron siendo interrupciones parciales y programadas de la circulación vehicular, pero que -según anunciaron los manifestantes- pronto se transformarán en cortes sorpresivos en todas las rutas que conectan a Tucumán hacia el sudeste. A estas acciones se sumarán los habitantes de Concepción, identificados con los reclamos por los problemas ambientales que sufren en su propia ciudad.
Es indispensable que los gobiernos provinciales dediquen de inmediato sus mejores esfuerzos para solucionar el problema y para brindar garantías que tranquilicen a los manifestantes. La Nación se muestra prescindente, y la falta de respuestas abre el camino para una escalada de acciones que, al afectar los derechos y los intereses de terceras personas, no hacen otra cosa que agravar la situación.












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