BUENOS AIRES.- Eduardo Duhalde ha demostrado tener una visión muy diferente de su realidad política cuando asumió el poder, de la que acaba de confesar al poner en funciones al nuevo ministro de Producción, Aníbal Fernández. Entonces -ha confesado- cometió un error al pretender arrancar produciendo en medio del derrumbe, y la filosofía es ahora insertarse en el mundo, sin cuya colaboración no es posible salir de la crisis y volver a crecer. No es la primera vez que el Presidente se rectifica conceptualmente, pero en esta ocasión pareció hacerlo con satisfacción, lo que no es fácil entre políticos. El motor de la frustrada doctrina que prescindía de la tormenta fue Ignacio de Mendiguren, su antiguo socio ideológico del extinguido "Grupo Productivo", quien después de tres frustraciones tuvo que abandonar dejando su departamento en poder de Economía. Ahora, Fernández, a minutos de su asunción, se encargó de difundir que "soy enemigo acérrimo de aquellas posturas, en que el Estado es un enorme gestor de impedimentos para la industria, el comercio y el campo". Las mutaciones posicionales siguen siendo una condición de la política en la Argentina y esto ayudará al nuevo titular de Producción a no tener problemas con el más influyente y poderoso miembro del gabinete ministerial: Roberto Lavagna.
Indicadores
La semana ha tenido así un broche definidor, juntamente con el freno de la Corte Suprema en sus diferencias con el Ejecutivo y el Congreso por el juicio político. Pero no sólo eso, sino la reiterada actitud conservadora de más del 80 por ciento de depositantes bloqueados en la banca que están prefiriendo hacer las paces con ella en lugar de escapar con sus magros ahorros depredados. Otro dato de esta última realidad ha sido el buen comportamiento bursátil de los bonos de canje, fuertemente despreciados por cacerolazos y analistas. Hasta aquí, la escalada positiva de hechos en los que la sociedad está siendo protagonista, y ante a la cual el Senado está llevando su pelea con los banqueros a un terreno de ramplonería política que descalifica la vieja leyenda de seriedad de los Padres de la Patria. Todo indica que nada se habrá de aclarar, pero el saldo de los episodios causará seguramente otro daño irreparable, y sin las merecidas exclusiones, a la comunidad parlamentaria.
Acaso para no ser menos, el flamante secretario general de la Presidencia, José Pampuro, que asumió en lugar de Fernández, liberó sus reservas para aceptar que las internas partidarias podrían no realizarse y consecuentemente, permitir disponer un adelantamiento de las elecciones generales. El funcionario dio así otro testimonio de la singular "libertad de expresión" que funciona en el gobierno de Duhalde, precisamente cuando arrecian las especulaciones sobre el tema ante el gran desinterés de la ciudadanía por esas urnas. Si así ocurriese se habría frustrado la única reforma significativa del régimen legal de la política aplicada a duras penas bajo la presión pública. (De nuestra Sucursal)







