El hombre que esperó demasiado

Alvarez no armó el equipo y la crisis lo devora.

05 Octubre 2002
Por Roberto Delgado

La furia municipal llegó a un punto culminante ayer, con la toma de la sede municipal de la calle Alberdi y la batahola entre empleados, gremialistas y policías en la plaza. Batalla que estuvo precedida por incidentes entre municipales ocurridos el jueves. Se trata de grupos antagónicos. Los que responden al resucitado Modesto Suárez, muy pocos pero efectivos, están en pugna con los que responden a Luis Cruz Prina y a Osvaldo Acosta.
El caos ahora tiene la expresión de la violenta protesta gremial. Pero desde hace mucho también tiene otro rostro: el de la falta de presencia de alguna autoridad que organice algo en la ciudad tomada por cualquier grupo, como los remiseros truchos o los ambulantes.
Antonio Alvarez se hamaca en la cuerda floja. A un mes de haber asumido con la ilusión de recuperar el poder que el ex intendente Raúl Topa había dejado diluirse, sus horas parecen contadas. No pudo armar un equipo de gobierno ni encarar una estrategia para ordenar la ciudad. No terminó de definir quiénes entran y ya tiene gente en Economía que se quiere ir. Todo quedó a medias. La crisis lo está devorando y sus mismos apoyos de hace un mes -los gremialistas de Modesto Suárez- son los que le están incendiando la ciudad y hasta toman rehenes en la Municipalidad.
La causa primera es la falta de dinero. Pero la otra es la indecisión. Apenas asumió, Alvarez quiso sostenerse buscando apoyos por todas partes. Intentó poner a gente de Julio Miranda y de Olijela Rivas y hasta acercarse a Julio César Aráoz, y a la vez procuró quedar bien con todos. Pergeñó una ordenanza para eliminar las sanciones por sumarios que había impuesto Raúl Topa, y ahora suspendió los sumarios por 30 días. No puso distancia ante los gremios ni afianzó el principio de autoridad. La consecuencia no fue más poder sino menos. Y el tiempo se agota.
Por enésima vez, el Gobierno provincial acarició la idea de intervención. El intendente jugó su última carta pidiendo ayuda judicial para sacar a los gremialistas. A partir de ahí tiene que recuperar su poder, o será devorado por el monstruo que él consintió. Si no logra recuperar la autoridad, el lunes, como dijo un gremialista, todo será peor.

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