BUENOS AIRES.- Es muy difícil todavía hallar en los círculos forenses pronosticadores de que la Corte Suprema pondrá fin a la pesificación tras ubicar al Gobierno al borde de una crisis con repercusión internacional que podría alcanzarla a ella misma. Se ha repetido hasta el cansancio que si Diputados no archiva el despacho de juicio político, la respuesta sería esa, pero acaba de fracasar por cuarta vez el intento oficialista, y los jueces del máximo tribunal quedaron nuevamente sin pronunciarse en el tema pendiente. Singularmente, cada vez que se baraja el peor pronóstico se prescinde de su contexto político, muy diferente del de hace dos meses, hasta el punto de que en la propia Corte se tiene más seguridad en que la semana próxima el asunto quedará cerrado. De forma burda, claro, pues tanto el jefe del gabinete como el ministro de Economía ya reconocen que el Poder Ejecutivo tiene puestas en ello sus esperanzas. El saldo que finalmente está dejando la sucia cuestión es una nueva muestra del alto grado de descomposición interna que padecen los grandes partidos, carentes de algún liderazgo que los discipline, como quedó evidenciado en los confusos cabildeos parlamentarios.
En el Senado
No menos decepcionante y reveladora es la situación en el Senado, bloqueado anímicamente por la denuncia de presuntas coimas frustradas, en cuyo trasfondo aparece un viejo problema que el Congreso eludió con pertinacia. Se trata del incontrolado lobbismo convertido en tráfico de influencias y que algunos proyectos trataron de transparentar siguiendo el modelo de registro aplicado en Estados Unidos y en otros países. La investigación judicial del presente caso ha colocado a un conocido consultor como supuesto negociador de la Asociación de Bancos Argentinos en el centro de la responsabilidad, por la publicación del periodista británico Thomas Catan sobre intentos de soborno para detener un proyecto que perturba a la banca. Esta iniciativa, aprobada por los senadores y que espera convertirse en ley por la Cámara Baja, establece una comisión del 2% sobre operaciones bancarias, con destino al gremio del sector, que abonarían todos los que operan en el sistema. El Poder Ejecutivo tiene previsto vetarla, pero la confrontación con la banca por parte del Congreso ensucia ese panorama e interfiere nuevamente en las negociaciones con el Fondo Monetario
. Sin embargo, el ministro de Economía no advierte en la situación del Senado una interferencia igual o mayor que la del juicio a la Corte en Diputados. Y es que Roberto Lavagna regresó de Washington convencido de que los jerarcas del FMI están recogiendo velas tras sus errores de apreciación sobre la crisis argentina hasta hace tres meses y ofrecen ahora gestos bastante contemporizadores. Hasta el punto -como había adelantado hace dos semanas el indio Anoop Singh a Lavagna y recogió este Panorama- que el acuerdo político requerido al Gobierno había quedado limitado a un razonable acompañamiento del Congreso, como de la Corte Suprema, sin insistir en los precandidatos presidenciales. (De nuestra Sucursal)






