La musa de los intelectuales franceses cumple 80 años

La cantante fue una figura simbólica de la juventud rebelde en una París liberada. Poética, resuelta, elegante y juguetona.

07 Febrero 2007
París.- Es la última gran “chansonnette” de Francia, poética y resuelta, elegante y juguetona. La melancolía en sus ojos oscuros, el rostro pálido rodeado de una impresionante cabellera negra, pantalones estrechos y un pullover negro. Así se ve a Juliette Gréco, a los 20 años, en una foto casual tomada delante de la iglesia de Saint Germain des Prés. Tras la guerra, esa foto convertiría a la cantante en figura simbólica de la juventud rebelde en una París liberada. Luego, como “grande dame de la chanson”, se convirtió en una seña de identidad. La “musa negra” de los intelectuales de la orilla izquierda del Sena celebra hoy sus 80 años.
En su álbum más reciente, “Le Temps d’une chanson”, por primera vez la acompaña una orquesta de jazz. Sigue ofreciendo conciertos y habla pestes de los extremistas de derecha de Jean-Marie Le Pen, con tanta energía como siempre. “Sólo soy un pequeño granito de arena”, dijo en una ocasión. “Y a la chanson llegué de pura casualidad, como un pájaro se posa en una rama”.
Las turbulencias posteriores a la guerra mundial fueron su
trampolín. “¿Cómo es la cosa, Gréco, cantará ahora?”, le preguntaba Jean-Paul Sartre a la francesa de Montpellier, que se había sumado al grupo existencialista. También Albert Camus y François Mauriac escribieron canciones para ella. Y la Gréco salió así de los ahumados sótanos de los existencialistas a la verdadera luz de las candilejas. Muy pronto canciones como “Si tu t’imagines”, “L’Eternel féminin” y “Déshabillez-moi” recorrieron el mundo.
La menuda diva de la chanson y leyenda viviente, que subraya cada canción con su singular gestualidad corporal y sobre todo con las manos, tuvo una vida difícil. Su tendencia a la melancolía proviene seguramente de su complicada
infancia: a su padre, un comisario de la policía corsa, apenas lo conoció. De su madre, que participó en la resistencia y fue deportada por la Gestapo, escribió: “no me quería”. Cuando en los años 50 su fama decayó un poco, participó en algunas películas, hasta el primero de una serie de “comebacks” en 1957.
Los altibajos en su carrera se corresponden con su tormentosa vida privada. Primero estuvo casada con el actor Philippe Lemaire. Luego, entre 1966 y 1977, con Michel Piccoli. Entre sus amores figura el legendario trompetista de jazz Miles Davis, a pesar de que Miles no hablaba una palabra de francés y ella nada de inglés. “Nos entendimos muy bien”, solía decir. En los años 90, su triunfal regreso fue impulsado sobre todo por el pianista Gérard Jouannest, con quien se casó en 1988. (DPA)











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