03 Octubre 2002 Seguir en 
Los defensores opinaron coincidentemente: los policías que actuaron en el procedimiento en el cual murió Luis Mansilla estaban haciendo lo que la sociedad les reclama: buscar y detener delincuentes. Y en temas como esos, "donde siempre se está al límite", se puede dar un caso como el que sucedió.
Alberto Granara, el defensor de Gustavo Salguero, aseguró que su cliente sólo intentó defenderse. "Mansilla estaba armado y le disparó, aunque las balas no salieron. Entonces lo atacó físicamente, y en ese momento se produjo el disparo. Se dan todos los requisitos de la legítima defensa", afirmó. Mansilla cayó muerto de un disparo en el cuello mientras estaba junto con Gustavo Orihuel, acusado por la muerte del cospelero Raúl Timo, y que era a quien realmente estaban buscando los policías. Orihuel no estuvo en el juicio porque se escapó de la prisión, donde cumplía condena por el crimen de Timo. Los defensores también se pusieron de acuerdo para cargar las tintas contra los testigos. "Estamos hablando, en casi todos los casos, de gente que tiene antecedentes penales, condenas inclusive, y de otros que son sus familiares. Es obvio que buscaron defenderse entre ellos, y perjudicar a la fuerza policial que los persigue", dijeron.
Una guerra
Ricardo Vitellini aseguró que esto era una guerra "entre ellos y nosotros", haciendo referencia a los delincuentes y a quienes se mueven dentro del marco de la legalidad. "La violencia de la que hoy habla todo el país comenzó hace varios años, justo cuando se iniciaron los cuestionamientos hacia el proceder policial", afirmó. "La versión de los policías se condice con los hechos", dijo.
Uno de los más exaltados fue Mario Mirra, a quien inclusive el presidente del Tribunal, Alberto Piedrabuena, le pidió que se tranquilizara. "¿Vamos a dejar que la delincuencia gane otra vez?", se preguntó el abogado. "No se puede condenar a los policías, porque estaban haciendo su trabajo", dijo.
Luz Cáceres afirmó que a sus tres clientes (Ramón Medina, Raúl Leal y Ramón Pizzarro) no les quedó otra alternativa que participar en el procedimiento. "Por su cargo, sólo podían obedecer", dijo.
Cergio Morfil, en tanto, también afirmó que su defendido (Ramón Flores) sólo buscaba obedecer al pedido de la sociedad, o sea detener a un delincuente. Y que por cumplir con su obligación se había visto involucrado en este caso.
Alberto Granara, el defensor de Gustavo Salguero, aseguró que su cliente sólo intentó defenderse. "Mansilla estaba armado y le disparó, aunque las balas no salieron. Entonces lo atacó físicamente, y en ese momento se produjo el disparo. Se dan todos los requisitos de la legítima defensa", afirmó. Mansilla cayó muerto de un disparo en el cuello mientras estaba junto con Gustavo Orihuel, acusado por la muerte del cospelero Raúl Timo, y que era a quien realmente estaban buscando los policías. Orihuel no estuvo en el juicio porque se escapó de la prisión, donde cumplía condena por el crimen de Timo. Los defensores también se pusieron de acuerdo para cargar las tintas contra los testigos. "Estamos hablando, en casi todos los casos, de gente que tiene antecedentes penales, condenas inclusive, y de otros que son sus familiares. Es obvio que buscaron defenderse entre ellos, y perjudicar a la fuerza policial que los persigue", dijeron.
Una guerra
Ricardo Vitellini aseguró que esto era una guerra "entre ellos y nosotros", haciendo referencia a los delincuentes y a quienes se mueven dentro del marco de la legalidad. "La violencia de la que hoy habla todo el país comenzó hace varios años, justo cuando se iniciaron los cuestionamientos hacia el proceder policial", afirmó. "La versión de los policías se condice con los hechos", dijo.
Uno de los más exaltados fue Mario Mirra, a quien inclusive el presidente del Tribunal, Alberto Piedrabuena, le pidió que se tranquilizara. "¿Vamos a dejar que la delincuencia gane otra vez?", se preguntó el abogado. "No se puede condenar a los policías, porque estaban haciendo su trabajo", dijo.
Luz Cáceres afirmó que a sus tres clientes (Ramón Medina, Raúl Leal y Ramón Pizzarro) no les quedó otra alternativa que participar en el procedimiento. "Por su cargo, sólo podían obedecer", dijo.
Cergio Morfil, en tanto, también afirmó que su defendido (Ramón Flores) sólo buscaba obedecer al pedido de la sociedad, o sea detener a un delincuente. Y que por cumplir con su obligación se había visto involucrado en este caso.







