Excusas para tapar problemas

Un decreto que no dice todo.

02 Octubre 2002
Por Juan Manuel Asis

Usufructuando el poder institucional que ostenta, una vez más el mirandismo privilegió su propia supervivencia y sus irresueltos conflictos internos a la hora de enfrentar decisiones de trascendencia política. Hacer y deshacer, decir y desdecirse, avanzar y dar luego marcha atrás -según las conveniencias personales y de grupo-, marcan a fuego la forma de hacer política del sector del justicialismo que gobierna.
Hace 16 días, el gobernador Julio Miranda firmó el decreto 1.977/14 adhiriéndose a la elección abierta y simultánea para elegir el 15 de diciembre los candidatos a senadores y diputados nacionales por Tucumán, además de los postulantes a presidente y a vicepresidente. Dos semanas después, el lunes, firmó otro decreto, el 2.057/14, modificando el primero. Se anuló la elección de los candidatos al Congreso con una excusa que demuestra que el mirandismo sólo piensa en sí mismo: los funcionarios deben gobernar y no dedicarse a internas.
¿Y el resto de los partidos políticos, los que no gobiernan? Excluyendo al bussismo, que seguramente tendrá boleta única, las otras organizaciones podían ir a una interna. No hubo consultas interpartidarias sobre la conveniencia o no de tal medida, lo que evidencia que, más allá de que tal vez no habría muchos candidatos en los comicios nacionales, en el PE se piensa primero en sus propias dificultades y en la incidencia de un proceso electoral anticipado.

Demasiados frentes
Son tantos los frentes abiertos en contra del mirandismo (judiciales -por las coimas-, económicos -por la falta de recursos-, gremiales -por la demora en los pagos-, sociales -por los reclamos de planes laborales- y políticos -una interna feroz y fraticida), que conspiran contra las aspiraciones del mandatario. En un clima adverso, armar una lista lo obligaría a ceder espacios en función de los múltiples intereses en juego. Y antes de pactar en desventaja, es mejor esperar tiempos más benignos. Con el correr de los meses, tal vez aparezcan el dinero y las respuestas sociales y se pueda decidir sobre cuestiones no olvidadas, como la reforma de la Constitución.
El mirandismo, al eliminar la elección de los candidatos a senadores y a diputados nacionales, pateó para adelante un serio conflicto interno. Miranda evitó mostrar su juego con la esperanza de una mejor partida en los próximos meses. De haberla mantenido, tendría que haber presentado el 24 del actual su propia lista para participar de los comicios de diciembre. Eso le significaba integrar a cinco candidatos a diputados y a tres postulantes a senadores, además de seis suplentes. Y también tener que definirse por una posible fórmula presidencial, algo que le causa dolores de cabeza.
La lucha por esos espacios hubiera sido sangrienta, especialmente los de los dos primeros puestos para las cámaras alta y baja. Miranda eludió mostrar sus simpatías y exponer a sus socios políticos en el armado de la boleta. Pero también eludió definiciones indirectas, como la de aparecer favoreciendo a tal o a cual candidato a gobernador.
Por ahora tiene dos alternativas -si finalmente no es él-: Fernando Juri o José Alperovich. El primero extiende su influencia en el gabinete logrando adhesiones a su postulación; el segundo apuesta a que el gran elector, Miranda, termine señalándolo.
El dedo del mandatario es lo único que mantiene los sueños de delfín del senador, ya que en el peronismo tiene muchos adversarios con caudal electoral propio o con incidencia en las decisiones de Miranda: Olijela Rivas, Alberto Herrera, Carlos Cisneros, el propio Juri, y los otros aspirantes del PJ al cargo de gobernador, como Antonio Guerrero, Osvaldo Cirnigliaro, o el propio José Ricardo Falú. La bendición de Miranda no es suficiente para nadie, menos para un ex radical con adversarios de fuste en el peronismo. Hay que recordar que en 1995, los justicialistas cortaron 30.000 boletas y Rivas no pudo ser gobernadora.

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