02 Octubre 2002 Seguir en 
"El tema de la inmadurez del hombre en las relaciones personales es muy común en las charlas de mujeres. Revela que si bien los hombres, en general, se sienten bastante contentos con su vida, no sucede lo mismo con muchas mujeres. Para ellas, el compañerismo y la participación emocional de sus maridos dejan mucho que desear. La pregunta inmediata es esta: ¿qué puede hacerse para remediar el desequilibrio que existe en las relaciones en materia de satisfacción emocional?
Si una mujer vive con un hombre que se conduce como un niño, estoy segura de que ya ha hecho todo lo posible para que este cambie: mofarse de él, instarlo a que modifique su comportamiento, hacerse chistes, mimarlo, enojarse con él, amenazar con abandonarlo... todo lo cual, a la larga, no le ha servido de nada. ¿Qué puede hacer, entonces? Lo primero es tomar distancia y observar lo que sucede realmente entre ambos. ¿Qué hace él? ¿Qué hace ella? De eso se ocupa este libro. Es mi intento de ayudar a las mujeres a que comiencen a examinar la dinámica de sus relaciones. Admito que no es fácil, pero decididamente vale la pena. Puede dar como resultado una mejor relación y una vida más feliz para ambos.
Al escribir este libro tuve un objetivo muy claro y simple: introducir un poco de sinceridad, tan necesaria en nuestras reflexiones sobre la relación entre los hombres inmaduros y las mujeres que se empeñan en vincularse con ellos. Este propósito de sinceridad se alcanza de dos maneras. En primer lugar, las situaciones que he elegido debatir describen de manera directa y sincera los comportamientos destructivos y dañinos que suelen acompañar la inmadurez emocional de los hombres. Si examinamos la sociedad en que vivimos, veremos que en ella se pone mucho mayor énfasis en el derecho del hombre a su libertad individual que en su necesidad de desarrollar la responsabilidad hacia los demás. La consecuencia es que, en la sociedad moderna, hay una verdadera renuencia a hacer responsables a los hombres por su conducta impropia hacia los otros, en particular hacia las mujeres. También existe la compulsión a disculpar y perdonar a los hombres, hagan lo que hagan. En este libro me centro en la clase de conducta inmadura que los hombres practican sin que les pase nada, y declaro que ¡ya es suficiente!
La otra manera de lograr mi objetivo de sinceridad es incluir, en todas las situaciones, una descripción directa y honesta de los efectos que tiene la inmadurez emocional de los hombres en las mujeres más próximas a ellos. La mayoría de las mujeres que se encuentran en tales situaciones no se dan cuenta de la tensión a la que están sometidas; la forma en que se ve afectada su personalidad o la sensación de pérdida y de vacío que soportan cotidianamente. Siendo este el propósito central del libro, confío en que las mujeres comenzarán a cuestionarse el valor de sacrificar su vida con la vana esperanza de que alguna vez sus compañeros cambien (mientras que estos, con toda probabilidad, no quieren cambiar ni tienen intención de hacerlo). Tengo la esperanza de que las mujeres valorarán su propia vida y hallarán cosas más positivas en las que emplear su tiempo y energías, que dar vueltas interminablemente en torno de hombres inmaduros para satisfacer sus exigencias".
Si una mujer vive con un hombre que se conduce como un niño, estoy segura de que ya ha hecho todo lo posible para que este cambie: mofarse de él, instarlo a que modifique su comportamiento, hacerse chistes, mimarlo, enojarse con él, amenazar con abandonarlo... todo lo cual, a la larga, no le ha servido de nada. ¿Qué puede hacer, entonces? Lo primero es tomar distancia y observar lo que sucede realmente entre ambos. ¿Qué hace él? ¿Qué hace ella? De eso se ocupa este libro. Es mi intento de ayudar a las mujeres a que comiencen a examinar la dinámica de sus relaciones. Admito que no es fácil, pero decididamente vale la pena. Puede dar como resultado una mejor relación y una vida más feliz para ambos.
Al escribir este libro tuve un objetivo muy claro y simple: introducir un poco de sinceridad, tan necesaria en nuestras reflexiones sobre la relación entre los hombres inmaduros y las mujeres que se empeñan en vincularse con ellos. Este propósito de sinceridad se alcanza de dos maneras. En primer lugar, las situaciones que he elegido debatir describen de manera directa y sincera los comportamientos destructivos y dañinos que suelen acompañar la inmadurez emocional de los hombres. Si examinamos la sociedad en que vivimos, veremos que en ella se pone mucho mayor énfasis en el derecho del hombre a su libertad individual que en su necesidad de desarrollar la responsabilidad hacia los demás. La consecuencia es que, en la sociedad moderna, hay una verdadera renuencia a hacer responsables a los hombres por su conducta impropia hacia los otros, en particular hacia las mujeres. También existe la compulsión a disculpar y perdonar a los hombres, hagan lo que hagan. En este libro me centro en la clase de conducta inmadura que los hombres practican sin que les pase nada, y declaro que ¡ya es suficiente!
La otra manera de lograr mi objetivo de sinceridad es incluir, en todas las situaciones, una descripción directa y honesta de los efectos que tiene la inmadurez emocional de los hombres en las mujeres más próximas a ellos. La mayoría de las mujeres que se encuentran en tales situaciones no se dan cuenta de la tensión a la que están sometidas; la forma en que se ve afectada su personalidad o la sensación de pérdida y de vacío que soportan cotidianamente. Siendo este el propósito central del libro, confío en que las mujeres comenzarán a cuestionarse el valor de sacrificar su vida con la vana esperanza de que alguna vez sus compañeros cambien (mientras que estos, con toda probabilidad, no quieren cambiar ni tienen intención de hacerlo). Tengo la esperanza de que las mujeres valorarán su propia vida y hallarán cosas más positivas en las que emplear su tiempo y energías, que dar vueltas interminablemente en torno de hombres inmaduros para satisfacer sus exigencias".






