Caos en Rivadavia y Marcos Paz

Las autoridades deben controlar los ruidos molestos.

02 Octubre 2002
Cuando se obra a su antojo, sin miramientos a la obediencia o a la consideración debida a otro, se le está faltando el respeto al prójimo o a una comunidad. Esto acontece a menudo en Tucumán y refleja el estado de incultura permanente en que vivimos. Un ejemplo de ello son las citas nocturnas de los adolescentes en la esquina de Rivadavia y Marcos Paz durante los domingos.
Los vecinos deben soportar hasta la madrugada música a alto volumen, embotellamiento de tránsito, promociones por altoparlantes de las semanas de los colegios, motociclistas que ejercitan piruetas en las veredas y en algunas ocasiones, batucadas y bombas de estruendo, como sucedió el domingo pasado.
La actitud de estos adolescentes refleja asimismo la ausencia de educación, tanto en el hogar como en sus colegios. Por otro lado, ninguna autoridad ni funcionario, de los tantos que existen en el Gobierno, tanto provincial como municipal, se hace cargo de controlar estos excesos que atentan contra las normas básicas de convivencia.
Si quienes deben controlar no lo hacen y quienes deben educar no lo hacen bien -con el agravante de que la comunidad les paga para que cumplan con su obligación-, es difícil que podamos desterrar la anarquía que nos invade peligrosamente.

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