02 Octubre 2002 Seguir en 
Como lo informamos, durante la siesta del domingo pasado los "boqueteros" operaron en pleno centro de la ciudad. Procedieron a desvalijar, por los techos, un establecimiento de joyería ubicado en la galería de Córdoba al 600. El hecho no hace sino demostrar la falta de seguridad que rodea al sector comercial de nuestra ciudad durante la jornada inhábil.A pesar de que a veces se ven por allí agentes uniformados, generalmente no se desplazan más allá de la peatonal, y se limitan a quedarse en las esquinas. Como lo hemos hecho notar varias veces, resulta fundamental que la Policía patrulle de modo permanente. Es decir, que recorra las calles , si está en un vehículo, o que camine, si está a pie.
Es la única manera de que tenga una visión más o menos integral de la cuadra, y que así pueda detectar cualquier tipo de movimiento extraño o de ruido anormal. Así se procedió durante muchos años, con excelentes resultados. Al agente no se lo concebía sino caminando en forma constante por la zona que le había sido asignada en la ciudad.
Por otro lado, la circunstancia de que los delincuentes hayan operado con la modalidad de practicar boquetes en el techo, vuelve a poner de manifiesto lo que habíamos advertido en otras oportunidades. No referimos a la necesidad de una vigilancia ejercida también desde lo alto, tanto diurna como nocturna, dado que gran cantidad de los atentados a la propiedad se consuman levantando las cubiertas o escalando las tapias de un inmueble para pasar a otro.Todas estas maniobras podrían ser detectadas si se estableciera un adecuado sistema de vigilancia desde los techos, como complemento del de la calle. Obvio es decir, además, que el policía apostado en la altura tendría un panorama visual considerablemente más abarcador.
El sector comercial de nuestra ciudad se encuentra desamparado los días domingos, lo que facilita delitos como el apuntado. Un buen ejemplo se aprecia cuando, de pronto, suena el timbre de alarma de alguno de los comercios. Lo común es que siga sonando durante un largo rato, hasta que algún comedido avisa por teléfono al propietario del local. Pero en ningún momento se advierte, como sería lógico suponer, que en el momento en que se oiga la alarma converjan hacia allí los efectivos policiales para averiguar lo que ocurre.
Nos parece que es necesario corregir estas deficiencias. Para nadie es una novedad que cada día existen más asaltantes, y que cada día operan con mayor audacia y precisión. El Estado tiene el deber de responder positivamente a la inquietud que estas situaciones representan para la población. El centro comercial nuestro, por lo demás, no tiene una extensión tan grande que no pueda ser perfectamente cubierta por un número relativamente escaso de agentes uniformados. Corresponde que se tomen las medidas para que así ocurra sin pérdida de tiempo.
No se trata, solamente, de asaltos a los comercios., aunque este sea el rubro más importante. Es común ver también a gente alcoholizada en las peatonales, así como a grupos de patoteros cuya acción se expresa, en el mejor de los casos, en una serie de daños a las instalaciones de la vía pública o de los negocios. La rotura de aparatos telefónicos o de carteles u ornamentos de los comercios se hace posible en esos días, repetimos, porque falta la presencia de la autoridad, cuyo efecto disuasivo no necesita comentarios.
Hay que recordar que, en esas jornadas, hay muchas familias que pasean con sus hijos por la zona comercial, y que mucho los tranquilizaría ver a policías recorriendo la calle. Lo propio cabe decir de la zona de los bancos, donde la gente acude a los cajeros con temor, ya que no advierten quién pueda protegerlos a la salida, en caso de atraco.
Es la única manera de que tenga una visión más o menos integral de la cuadra, y que así pueda detectar cualquier tipo de movimiento extraño o de ruido anormal. Así se procedió durante muchos años, con excelentes resultados. Al agente no se lo concebía sino caminando en forma constante por la zona que le había sido asignada en la ciudad.
Por otro lado, la circunstancia de que los delincuentes hayan operado con la modalidad de practicar boquetes en el techo, vuelve a poner de manifiesto lo que habíamos advertido en otras oportunidades. No referimos a la necesidad de una vigilancia ejercida también desde lo alto, tanto diurna como nocturna, dado que gran cantidad de los atentados a la propiedad se consuman levantando las cubiertas o escalando las tapias de un inmueble para pasar a otro.Todas estas maniobras podrían ser detectadas si se estableciera un adecuado sistema de vigilancia desde los techos, como complemento del de la calle. Obvio es decir, además, que el policía apostado en la altura tendría un panorama visual considerablemente más abarcador.
El sector comercial de nuestra ciudad se encuentra desamparado los días domingos, lo que facilita delitos como el apuntado. Un buen ejemplo se aprecia cuando, de pronto, suena el timbre de alarma de alguno de los comercios. Lo común es que siga sonando durante un largo rato, hasta que algún comedido avisa por teléfono al propietario del local. Pero en ningún momento se advierte, como sería lógico suponer, que en el momento en que se oiga la alarma converjan hacia allí los efectivos policiales para averiguar lo que ocurre.
Nos parece que es necesario corregir estas deficiencias. Para nadie es una novedad que cada día existen más asaltantes, y que cada día operan con mayor audacia y precisión. El Estado tiene el deber de responder positivamente a la inquietud que estas situaciones representan para la población. El centro comercial nuestro, por lo demás, no tiene una extensión tan grande que no pueda ser perfectamente cubierta por un número relativamente escaso de agentes uniformados. Corresponde que se tomen las medidas para que así ocurra sin pérdida de tiempo.
No se trata, solamente, de asaltos a los comercios., aunque este sea el rubro más importante. Es común ver también a gente alcoholizada en las peatonales, así como a grupos de patoteros cuya acción se expresa, en el mejor de los casos, en una serie de daños a las instalaciones de la vía pública o de los negocios. La rotura de aparatos telefónicos o de carteles u ornamentos de los comercios se hace posible en esos días, repetimos, porque falta la presencia de la autoridad, cuyo efecto disuasivo no necesita comentarios.
Hay que recordar que, en esas jornadas, hay muchas familias que pasean con sus hijos por la zona comercial, y que mucho los tranquilizaría ver a policías recorriendo la calle. Lo propio cabe decir de la zona de los bancos, donde la gente acude a los cajeros con temor, ya que no advierten quién pueda protegerlos a la salida, en caso de atraco.






