18 Enero 2007 Seguir en 
El popular Ben Stiller ("Dúplex", "Los Fockers: la familia de mi esposo") vuelve a las pantallas para ser un atolondrado muchacho que entra a trabajar al Museo de Historia Natural de Nueva York, sin saber que por una maldición, los animales del lugar adquieren vida durante la noche.
Junto al promocionado intérprete se puede ver a viejas glorias del cine y la televisión -Dick van Dyke, Mickey Rooney, Bill Cobbs- y "cameos" a cargo de Robin Williams, Owen Wilson y Steve Coogan, con lo que parece que la diversión está asegurada.
Tres semanas consecutivas en el primer puesto de las recaudaciones y más de 150 millones de dólares son una enorme sorpresa para una comedia de enredos pasatista. Sin embargo, "Una noche en el museo" sigue recaudando como si fuera una megaproducción. Mañana llegará a Buenos Aires y, en simultáneo, se estrenará también en las salas tucumanas.
El éxito del filme es tan grande que varios museos de la ciudad de Nueva York -especialmente el de Historia Natural y el Metropolitano de Arte- vieron incrementarse las visitas de chicos y adolescentes, tras ver la película.
Pero, ¿qué tiene este filme que la vuelve tan atractiva para los fanáticos del séptimo arte? En sí misma, es una comedia infantil. La cinta cuenta la historia de Larry Daley (Ben Stiller), un papá divorciado que necesita conseguir trabajo y lo encuentra como vigilante nocturno de un museo. Todo parece normal hasta que en las salas del edificio cae la noche. Entonces, y gracias a un hechizo egipcio, literalmente todo cobra vida: desde el enorme dinosaurio de la entrada hasta las miniaturas de cowboys o soldados romanos. Ayudado por la estatua de cera de Teddy Roosevelt -que en el filme es interpretado por Robin Williams- y por los libros que Larry tiene que leer para aprender de historia, zoología, geografía y todo lo representado en el Museo, logrará controlar a los habitantes del lugar hasta que se vea envuelto en un audaz robo.
La película apela a una gran cantidad de efectos especiales, pero su mayor encanto está en el trabajo de un grupo de comediantes de varias generaciones que son el núcleo de la historia.
Junto al promocionado intérprete se puede ver a viejas glorias del cine y la televisión -Dick van Dyke, Mickey Rooney, Bill Cobbs- y "cameos" a cargo de Robin Williams, Owen Wilson y Steve Coogan, con lo que parece que la diversión está asegurada.
Tres semanas consecutivas en el primer puesto de las recaudaciones y más de 150 millones de dólares son una enorme sorpresa para una comedia de enredos pasatista. Sin embargo, "Una noche en el museo" sigue recaudando como si fuera una megaproducción. Mañana llegará a Buenos Aires y, en simultáneo, se estrenará también en las salas tucumanas.
El éxito del filme es tan grande que varios museos de la ciudad de Nueva York -especialmente el de Historia Natural y el Metropolitano de Arte- vieron incrementarse las visitas de chicos y adolescentes, tras ver la película.
Pero, ¿qué tiene este filme que la vuelve tan atractiva para los fanáticos del séptimo arte? En sí misma, es una comedia infantil. La cinta cuenta la historia de Larry Daley (Ben Stiller), un papá divorciado que necesita conseguir trabajo y lo encuentra como vigilante nocturno de un museo. Todo parece normal hasta que en las salas del edificio cae la noche. Entonces, y gracias a un hechizo egipcio, literalmente todo cobra vida: desde el enorme dinosaurio de la entrada hasta las miniaturas de cowboys o soldados romanos. Ayudado por la estatua de cera de Teddy Roosevelt -que en el filme es interpretado por Robin Williams- y por los libros que Larry tiene que leer para aprender de historia, zoología, geografía y todo lo representado en el Museo, logrará controlar a los habitantes del lugar hasta que se vea envuelto en un audaz robo.
La película apela a una gran cantidad de efectos especiales, pero su mayor encanto está en el trabajo de un grupo de comediantes de varias generaciones que son el núcleo de la historia.
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