Modelos en pugna

Federico van Mameren

01 Octubre 2002
La guerra se desató esta mañana en la Casa de Gobierno. En la misma mesa estaban sentados Alberto Herrera y José Alperovich. Se gruñeron de la peor manera, mostraron los dientes y dejaron planteada una batalla que dará que hablar en los próximos días, cuando la interna del peronismo se ponga al rojo vivo.
Herrera le advirtió que el Este era una zona que él manejaba. El candidato a gobernador le dijo que él no era el dueño y le criticó la costumbre de hacer política a través de sus familiares. El diputado recordó que, mientras fue candidato a senador, Alperovich era el primer peronista... y que ahora no.
Así quedó dibujado lo que será el futuro. Alperovich sigue sumando peronistas a su estructura; juega con la ventaja de que -por ahora- las encuestas lo tienen por arriba de los demás pero, curiosamente, hoy es candidato sin partido político. El sueña con que a último momento tendrá el apoyo del justicialismo, el mismo que usufructuó para llegar a senador.
Herrera simboliza el peronismo ortodoxo. Es un hombre que durante décadas encarnó desde el peronismo un modelo muy criticado hoy, porque se basa, principalmente, en el viejo método del clientelismo político; pero nadie puede negarle su militancia en el PJ. Precisamente esa es la debilidad del senador Alperovich, quien no sólo no puede exhibir una trayectoria partidaria sino que además tiene el estigma de haber sido legislador radical y haber cambiado su corazón político por un pragmatismo muy propio de estos años, que hubiera sido inaceptable para los viejos hombres que honraron la política de la Argentina.Uno representa al modelo moderno sin identidad. El otro, el viejo diseño con mañas, esas que se pide a gritos que cambien. Son el reflejo de una sociedad a la que también le cuesta saber qué quiere.

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