Medio siglo sin"Bogey"

El mítico actor norteamericano falleció el 14 de enero de 1957, víctima de un cáncer de esófago. Era la encarnación del ídolo masculino.

14 Enero 2007
LOS ANGELES.-“¿Nacionalidad?”, le preguntaron; “borracho”, respondió. Era el tipo de respuestas lacónicas y cargadas de ironía que lo caracterizaban. No se sabe a ciencia cierta si la anécdota es rigurosamente verídica, pero se ajusta ceñidamente a la personalidad de Humphrey Bogart, una de las leyendas de Hollywod que impuso su sello dentro y fuera de los estudios de filmación.
Cuando murió, el 14 de enero de 1957, en lo más alto de su carrera, era la encarnación del ídolo masculino. Las mujeres soñaban con él porque sabían que en cada situación haría lo correcto. Podía conducir Mustangs o tanques, operar o mezclar tragos. Incluso podía ser un desempleado y pese a ello, tener estilo. Solamente se lo veía sin saber qué hacer ante los niños. A las mujeres las llamaba “Kid” o “Baby”. Los hombres que no bebían le resultaban sospechosos. Su mundo era el bar de las grandes ciudades por la noche, donde bebía tragos duros y callaba.
Bogart nació en 1899. Tras el fracaso escolar, entró en la Marina y sobrevivió luego con trabajos esporádicos. En 1920, a través de las relaciones de su padre, obtuvo un puesto como ayudante en un teatro y, dos años más tarde, logró subir a un escenario. En la década del 30 se pusieron de moda las películas de gángsters, y gracias a su anguloso rostro con una llamativa cicatriz en el labio superior, Bogart era buscado siempre para los papeles de malvado. Hasta que en 1941 rodó “El halcón maltés” -en el que encarnaba al detective Sam Spade-, y su figura se proyectó al estrellato. Al año siguiente, filmó “Casablanca”; al iniciarse el rodaje, aún no estaba terminado el guión, de modo de que ni el propio actor sabía cómo iba a ser el desenlace. La película se convirtió en un éxito enorme y obtuvo tres premios Oscar, entre ellos el de mejor película. Sin embargo, Bogart tuvo que esperar hasta 1952 para recibir la única estatuilla de su carrera, por “La reina africana”.
También en su vida privada la felicidad se demoró. Bogart ya había sufrido tres fracasos matrimoniales cuando conoció a la joven Lauren Bacall, durante el rodaje de “Tener y no tener”; se enamoró perdidamente de ella y la convirtió en su compañera hasta sus últimos días. El que sería su cuarto matrimonio resultó feliz. A los 50 años, “Bogey” fue padre por primera vez, pero la dicha se empañó porque le descubrieron un cáncer de esófago. Cuando el 2 de enero de 1957 una columnista de la prensa rosa le preguntó por su salud, respondió con descuido: “me va fantástico”. Dos semanas después estaba muerto. John Huston dijo entonces que nunca más habría nadie como él. (DPA y Especial)

Una galería de personajes

LOS ANGELES - Desde el gángster malintencionado hasta el hombre duro con afición por la bebida, pasando por el detective cínico, la multiplicidad de personas que Humphrey Bogart encarnó en sus 26 años de carrera no tiene comparación en Hollywood. Entre sus películas más conocidas están:
“El halcón maltés” (1941), que lo convirtió en estrella e inició la “serie negra” de Hollywood.
“Casablanca” (1942), un clásico del cine, en la que encarna al antihéroe romántico Rick Blaine junto a Ingrid Bergman.
“Tener y no tener” (1944). En el rodaje Bogart conoció al gran amor de su vida, Lauren Bacall.
“El tesoro de Sierra Madre” (1948); aquí encarna a un buscador de oro decepcionado.
“La reina africana” (1951). Ganó el Oscar por el papel del capitán alcohólico Charlie Allnut.
“El motín del Caine” (1954). Drama bélico con Bogart como el capitán de un barco de la marina de guerra de EE.UU.  “Sabrina” (1954). Aquí encarna al empresario estricto y ambicioso Linus Larrabee, que queda prendado de Audrey Hepburn. - "No somos ángeles" (1955). Comedia negra con Bogart como el vengativo recluso Joseph.
“Más dura será la caída” (1956). Su última película , en la que encarna a un melancólico promotor de boxeo. (DPA)

Nunca habrá otro igual
Análisis. Por Juan Carlos di Lullo - Redacción LA GACETA

El sombrero calado, el cigarrillo en la comisura de la boca, la cicatriz sobre el labio, la réplica breve y contundente; nada de eso serviría hoy en día para identificar a un galán. Pero fueron los elementos que construyeron la imagen de “Bogey”, la que todos los varones de aquella época querían imitar. Se convirtió en un símbolo, y no sólo por los personajes inolvidables que animó en la pantalla grande. La novelesca historia de amor que protagonizó con Lauren Bacall o los permanentes choques con los afiebrados buscadores de comunistas que agitaban la vida de la colonia hollywoodense lo convirtieron en un símbolo para toda una generación. Su dimensión de mito no admite objeciones. Sobre su persona se han escrito libros, y hasta una obra de teatro titulada con una frase que nunca pronunció. Bogart fue sinónimo de cine en la primera mitad del siglo pasado. Murió hace 50 años, quizá porque pertenecía definitivamente a un mundo que muy poco tiene que ver con el que actualmente habitamos.














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