El ministro Marcelo Nazur ha reconocido una realidad que los vecinos padecemos desde hace tiempo: la capacidad operativa del Camino del Perú está colapsada. Decirlo con claridad es importante. Pero cuando el propio Estado reconoce el problema, también nace una obligación: actuar antes de que la próxima consecuencia sea otra tragedia. La propuesta de que los desarrolladores privados contribuyan al financiamiento de las obras merece ser considerada. El crecimiento urbano produjo beneficios privados, pero también multiplicó viviendas, vehículos, accesos y exigencias sobre una infraestructura que quedó rezagada. Sin embargo, el principio debe ser claro: los privados pueden contribuir; el Estado debe conducir. La eventual apertura de calle Fanzolato también merece estudios serios. Pero los estudios deben servir para hacer bien una obra y no convertirse en una nueva forma de postergarla. Mientras se discuten soluciones estructurales, existen medidas mucho menos costosas que pueden adoptarse ahora. Mejor semaforización, cámaras de control, inspectores en puntos críticos y presencia efectiva durante domingos, feriados y fuera de los horarios administrativos. Porque los accidentes no cumplen horario administrativo. El cruce de calle Italia con Frías Silva es un ejemplo cotidiano. Vehículos, motos y unidades de mayor porte atraviesan muchas veces en amarillo y aun cuando el semáforo ya cambió a rojo. Quienes reciben luz verde desde Frías Silva deben frenar porque la intersección continúa ocupada. Allí aparecen el embotellamiento y, sobre todo, el riesgo de una colisión. Un semáforo que nadie hace respetar termina siendo apenas una luz que contempla la infracción. Una cámara, una fiscalización efectiva y agentes coordinados entre las distintas jurisdicciones podrían modificar sustancialmente esa situación. No requieren una gran obra ni inversiones extraordinarias. La infraestructura explica una parte del caos; la inconducta vial explica otra. Y ambas necesitan respuesta. El Camino del Perú dejó hace tiempo de ser una ruta periférica. Hoy es un corredor urbano y metropolitano. Las jurisdicciones siguen existiendo en los mapas y en los expedientes, pero desaparecen para el ciudadano que simplemente intenta cruzar una calle y llegar a su casa. Necesitamos obras, planificación y participación responsable de los desarrolladores. Pero también necesitamos algo mucho más sencillo: un semáforo que funcione, una cámara donde haga falta, un inspector cuando corresponda y una sanción cuando alguien atraviesa un rojo poniendo en riesgo a los demás. Las grandes obras llevan tiempo. Cuidar la vida no puede esperar.
Jorge Bernabé Lobo Aragón
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