01 Octubre 2002 Seguir en 
En otras ocasiones, sin éxito, hemos puntualizado la necesidad de que quienes reparten la correspondencia la entreguen en manos de una persona, y no la dejen tirada a la entrada de las viviendas, con el riesgo cierto de que las piezas terminen arrastradas por el viento, mojadas por la lluvia o llevadas indebidamente por algún transeúnte.
Lamentablemente, no se ha asistido a una corrección de aquella deplorable modalidad.
De más está decir que contrasta con lo que ocurría décadas atrás, cuando la entrega de los envíos postales se consideraba sagrada: si nadie contestaba el llamado del cartero, se dejaba bajo la puerta el aviso correspondiente, y el destinatario debía acudir a buscar su carta al Correo.
En la actualidad, hay muchos casos en que se extravían las facturas de servicios públicos, porque se las arroja de esa manera; eso sin contar los casos en que no hay ningún cuidado en verificar si ese es efectivamente el número del domicilio destinatario. Esto llega a causar perjuicios económicos a los destinatarios. Nos parece que sería más que saludable corregir estos procedimientos.
Lamentablemente, no se ha asistido a una corrección de aquella deplorable modalidad.
De más está decir que contrasta con lo que ocurría décadas atrás, cuando la entrega de los envíos postales se consideraba sagrada: si nadie contestaba el llamado del cartero, se dejaba bajo la puerta el aviso correspondiente, y el destinatario debía acudir a buscar su carta al Correo.
En la actualidad, hay muchos casos en que se extravían las facturas de servicios públicos, porque se las arroja de esa manera; eso sin contar los casos en que no hay ningún cuidado en verificar si ese es efectivamente el número del domicilio destinatario. Esto llega a causar perjuicios económicos a los destinatarios. Nos parece que sería más que saludable corregir estos procedimientos.






