Fiel a la estrategia de que, si algo no se puede solucionar, al menos hay que disimularlo, en los últimos días el mirandismo ha dado una aguda muestra de habilidad para minimizar algunos de los graves problemas que trastornan aún más su errático divagar por tan crítica coyuntura.
Con una filosofía más propia del bussismo que de la leyenda peronista, el jueves, el Gobierno azuzó el fantasma de la anarquía -uno de los resortes que más atemoriza a una sociedad- para quitarle efecto a la protesta piquetera. Echando mano del desgastado argumento de la infiltración, el Ejecutivo sembró el terror en la población sobre la inminencia de una jornada muy violenta, por obra y gracia de los polvorientos desocupados del interior. Estos pasaron de víctimas -del hambre y de la exclusión- a victimarios. Mientras, como si se tratara de un verdadero estado de sitio, por las calles desfilaban recios gendarmes pertrechados más bien para reprimir una nueva versión de la revolución rusa.
La parafernalia desplegada en torno de la manifestación hizo que pasara inadvertido lo que realmente le preocupa al oficialismo: la investigación sumaria que el juez Víctor Pérez abrió por dos meses contra el gobernador Julio Miranda, por el supuesto pago de coimas a los 27 legisladores que habilitaron la reforma constitucional. En esto el PE también dio muestras de que los papelones del pasado enseñan.Quizás por la llegada del parco Benito Garzón a la Fiscalía de Estado, el oficialismo no salió a despotricar contra el fiscal anticorrupción, Esteban Jerez, contra Pérez y contra la politización de la Justicia, como ya se hizo costumbre. Por el contrario, con solemnidad, los más altos funcionarios se limitan a decir que Miranda, desde su ya consuetudinaria estadía en Buenos Aires, sigue la causa con mucha preocupación. Parece que la orden de la mesura llegó hasta para quien metió en este baile al PE: el legislador Mariano Poliche. La declaración de su esposa, Alejandra Ducca, de que Miranda autorizó el pago de $ 2 millones en coimas, según consta en el expediente, hoy atormenta al PE. Insólitamente, el ex bussista permanece callado.
Pareciera que el Gobierno se dio cuenta de que atacando a la Justicia sólo se generan más sospechas en la sociedad. Y, sobre todo, de que es contraproducente intentar inmiscuirse a plena luz del día en aquel poder -como sucedió cuando se intentó separar a Jerez, lo que terminó dividiendo a la sociedad-. Es más efectivo hacerlo en silencio. Lejos de las cámaras y de los grabadores, que también incomodan a un sector de la Justicia. Aunque molesten las denostadas filtraciones a la prensa son el aire transparente por el que respiran las sociedades abiertas. Probablemente, la Corte Suprema desestimará el per saltum planteado por Pérez para que ella se avoque y anule el fallo por el cual el juez Alfonso Zottoli hizo como si las palabras de Ducca nunca hubieran sido dichas.
El enredo procesal seguirá (habrá un juez, Pérez, que tomará como válido lo de la esposa de Poliche y otro para el que el hecho prácticamente no existió) hasta que una sala de la Cámara Penal (¿cuál?) ponga orden. Mientras, el hermético e indescifrable Pérez seguirá adelante en la ardua tarea de demostrar que a las palabras de Ducca -al menos a las que constan en el expediente- no se las llevará el viento.
30 Septiembre 2002 Seguir en 
Por Federico Abel






