Una puja despareja

Es notable el trato diferente que la Argentina recibe del Fondo.

29 Septiembre 2002
Por Edgardo Alfano

BUENOS AIRES.- La Asamblea Anual del FMI, que este fin de semana tiene su punto culminante en Washington, se convirtió, como se esperaba, en un fuerte dolor de cabeza para el gobierno de Eduardo Duhalde.
Las instalaciones del Fondo fueron una caja de resonancia de las fuertes críticas que parten de ese organismo hacia la Argentina, en la misma onda que la del secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Paul O?Neill.
Anne Krueger, la número 2 del Fondo y representante norteamericana, golpeó al Gobierno donde más le duele. Advirtió que podrían frenarse los créditos de ayuda social a la Argentina que tienen, entre otros, el Banco Mundial y el BID.
Después de todo, esa ayuda social es la que evitó males mayores en un país donde los pobres y desocupados alcanzan cifras récord.
Si el ministro de Economía, Roberto Lavagna, necesitaba un mensaje más directo, se lo dieron Horst Koehler, Anoop Singh y Krueger, durante una conferencia de prensa donde sostuvieron que si no hay acuerdo con el FMI es por culpa de la Argentina, como si el Fondo no tuviera parte de responsabilidad por lo que ocurre en estas tierras.

Juego de presiones
Lavagna tuvo que hacer frente a las presiones para que se utilicen las reservas a la hora de pagar los próximos vencimientos que tiene la Argentina.
En este juego de presiones, Lavagna abandonó Buenos Aires luego de arrojar un guante al Fondo. Dijo que el mundo no se caería para la Argentina si no hay acuerdo con el FMI. Pero la realidad marca otra cosa, y es que las naciones desarrolladas parecen haber arrojado fuera del mundo civilizado a nuestro país y que lo mantendrán en esa situación hasta que se logre un plan económico "sustentable" (como suelen decir el FMI y los Estados Unidos) y los políticos acuerden reglas básicas para la transición hacia un nuevo Gobierno.
A comienzos de este año, la Argentina parecía ser una mancha negra en América del Sur, pero el efecto contagio se extendió a Brasil y a Uruguay. Ahora, Brasil soporta sus propios problemas con el mundo de los negocios y las finanzas, que parecen agravarse con el crecimiento de Luiz Inacio "Lula" da Silva en las encuestas para ganar las elecciones presidenciales. "Lula", en un rasgo de sinceridad similar al que tuvo el presidente del Uruguay, Jorge Batlle, el pasado 5 de junio, calificó a la Argentina de "republiqueta" y dio un anticipo de lo que podrían ser las relaciones de ambos países si llega a la primera magistratura.
De todas formas, hay un claro trato diferenciado del FMI que separa al Brasil y al Uruguay de la Argentina.

Campaña sin cambios
En ese marco, la campaña electoral sigue sin grandes cambios, salvo el mayor ritmo que aplicó a su estrategia Carlos Menem, frente a un deterioro de Adolfo Rodríguez Saá en las encuestas y el lento movimiento del cordobés José Manuel de la Sota.
Elisa Carrió, en tanto, ya anticipó que no bajará su candidatura presidencial frente a una ruptura que parece estar a la vista con su circunstancial aliado, Luis Zamora.
Con ese panorama no asoma muy clara la posibilidad de adelantar las elecciones nacionales y suspender las internas partidarias.
Menem y De la Sota, por ejemplo, coincidieron en la necesidad de realizar las internas.
Por otra parte, en el Congreso no hay disposición para llegar a un acuerdo que permita modificar la actual legislación electoral y así ir directamente a la elección del presidente.

El juicio a la Corte
Hoy, la Cámara de Diputados se encamina a tratar (y pasar a mejor vida) el traumático pedido de juicio político a la Corte Suprema de Justicia, mientras los senadores luchan por sacarse de encima otra pesada mancha: la sospecha de un pedido de coimas a banqueros, por una ley que perjudicaba a esas entidades.En definitiva, la historia de siempre. (DyN)

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