24 Diciembre 2006 Seguir en 
Les pagan no más de $ 50 mensuales por cada casa que vigilan. Algunos andan armados. Otras son personas de edad avanzada que realizan rondas de vigilancia para ganarse el sustento. En una gran cantidad de barrios de la capital y del Gran San Miguel de Tucumán los vecinos optan por contratar los servicios de este tipo de vigilantes y la mayoría de los consultados por LA GACETA admitió no preguntar si estas personas trabajan en empresas habilitadas para hacer estos controles o si lo hacen de manera clandestina.
"Hace más de cinco años que vivimos aquí y no creo que sea un barrio inseguro, pero para mí es una cuestión de tranquilidad que esté alguien ahí, en la calle, vigilando", dijo Analía, una mujer de 54 años que prefirió no dar su apellido. Ella vive a unos veinte metros de la garita ubicada en la esquina de Cariola y Andrés Villá, en Yerba Buena. Esta zona cuenta con vigilancia a cargo de una empresa especializada que brinda sus servicios todos los días (de lunes a viernes de 20 a 8, y sábados, domingos y feriados, las 24 horas). Algunas casas del barrio cuentan además con sistemas de alarmas monitoreadas por otra empresa de seguridad.
"El encargado de la garita está constantemente dando vueltas por el barrio; a veces, con un perro. Y cuando volvemos de alguna fiesta, como a las tres o cuatro de la mañana, nos acompaña hasta que entremos a la casa", dijo Jimena, otra vecina, y aseguró que no se enteró de que se haya producido ningún robo en la zona desde que se instaló la garita.
Sin embargo, otros vecinos del barrio se muestran un poco escépticos respecto de la seguridad que les brinda el servicio de vigilancia. "En mi opinión, la garita no influye en la seguridad del barrio, porque se trata de un hombre de edad avanzada que no lleva ningún tipo de arma", dijo María del Carmen Sáez, de 63 años, que vive en la calle Andrés Villa primera cuadra, a poco más de cien metros de la garita.
"Tienen pistolas"
"Nosotros le pagamos a un hombre que para que recorra dos manzanas. El siempre tiene un ayudante y los dos andan armados; tienen pistolas. Y a nosotros nos parece bien, porque en la zona hay muchos delincuentes y ellos, de esa manera, los ahuyentan", explicó Gloria Albarracín, una vecina de El Colmenar.
La mujer aseguró que los vigilantes son vecinos del barrio desocupados que se dedicaron a realizar rondas nocturnas para ganarse la vida.
Su vecina, Raquel Gómez, dijo que a ella no le interesa que los vigilantes hayan pasado por exámenes psicológicos antes de dedicarse a hacer esa tarea, porque lo que necesita es que la protejan de los delincuentes.
Hay casos, como el de los vecinos del barrio Rincón del Este, en Alderetes, que tienen los números de los celulares de los vigilantes. Cuando escuchan algún ruido raro o ven movimientos sospechosos, inmediatamente los llaman y ellos se paran frente a la vivienda.
"Hace más de cinco años que vivimos aquí y no creo que sea un barrio inseguro, pero para mí es una cuestión de tranquilidad que esté alguien ahí, en la calle, vigilando", dijo Analía, una mujer de 54 años que prefirió no dar su apellido. Ella vive a unos veinte metros de la garita ubicada en la esquina de Cariola y Andrés Villá, en Yerba Buena. Esta zona cuenta con vigilancia a cargo de una empresa especializada que brinda sus servicios todos los días (de lunes a viernes de 20 a 8, y sábados, domingos y feriados, las 24 horas). Algunas casas del barrio cuentan además con sistemas de alarmas monitoreadas por otra empresa de seguridad.
"El encargado de la garita está constantemente dando vueltas por el barrio; a veces, con un perro. Y cuando volvemos de alguna fiesta, como a las tres o cuatro de la mañana, nos acompaña hasta que entremos a la casa", dijo Jimena, otra vecina, y aseguró que no se enteró de que se haya producido ningún robo en la zona desde que se instaló la garita.
Sin embargo, otros vecinos del barrio se muestran un poco escépticos respecto de la seguridad que les brinda el servicio de vigilancia. "En mi opinión, la garita no influye en la seguridad del barrio, porque se trata de un hombre de edad avanzada que no lleva ningún tipo de arma", dijo María del Carmen Sáez, de 63 años, que vive en la calle Andrés Villa primera cuadra, a poco más de cien metros de la garita.
"Tienen pistolas"
"Nosotros le pagamos a un hombre que para que recorra dos manzanas. El siempre tiene un ayudante y los dos andan armados; tienen pistolas. Y a nosotros nos parece bien, porque en la zona hay muchos delincuentes y ellos, de esa manera, los ahuyentan", explicó Gloria Albarracín, una vecina de El Colmenar.
La mujer aseguró que los vigilantes son vecinos del barrio desocupados que se dedicaron a realizar rondas nocturnas para ganarse la vida.
Su vecina, Raquel Gómez, dijo que a ella no le interesa que los vigilantes hayan pasado por exámenes psicológicos antes de dedicarse a hacer esa tarea, porque lo que necesita es que la protejan de los delincuentes.
Hay casos, como el de los vecinos del barrio Rincón del Este, en Alderetes, que tienen los números de los celulares de los vigilantes. Cuando escuchan algún ruido raro o ven movimientos sospechosos, inmediatamente los llaman y ellos se paran frente a la vivienda.
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