28 Septiembre 2002 Seguir en 
La transgresión de las normas y la ausencia de respeto por el prójimo se han hecho moneda corriente en Tucumán. Casi todos se sienten con derecho a hacer lo que quieren porque saben que los organismos del Estado encargados de controlar no harán nada.
De viernes a domingos, en diversos puntos de la ciudad, los ruidos molestos destrozan el sueño de los vecinos. Las denuncias en el Comando Radioeléctrico o en otros organismos caen siempre en saco roto o, lo que es peor, esas instituciones directamente no responden al teléfono, cuando se supone que debe haber una guardia permanente. Por lo general, los vecinos deben tragarse la impotencia y asumir el insomnio como un estado natural durante los fines de semana.
Esta situación refleja además una incapacidad de los mismos tucumanos para convivir en armonía, lo cual desnuda el estado de incultura en que vivimos. La sensación de indefensión del ciudadano es cada vez mayor en todos los niveles, lo cual lleva a preguntarse sobre el sentido de que existan entes de contralor y que la comunidad pague a sus empleados y funcionarios, si no cumplen con su tarea.
De viernes a domingos, en diversos puntos de la ciudad, los ruidos molestos destrozan el sueño de los vecinos. Las denuncias en el Comando Radioeléctrico o en otros organismos caen siempre en saco roto o, lo que es peor, esas instituciones directamente no responden al teléfono, cuando se supone que debe haber una guardia permanente. Por lo general, los vecinos deben tragarse la impotencia y asumir el insomnio como un estado natural durante los fines de semana.
Esta situación refleja además una incapacidad de los mismos tucumanos para convivir en armonía, lo cual desnuda el estado de incultura en que vivimos. La sensación de indefensión del ciudadano es cada vez mayor en todos los niveles, lo cual lleva a preguntarse sobre el sentido de que existan entes de contralor y que la comunidad pague a sus empleados y funcionarios, si no cumplen con su tarea.






