Miguel le puso edulcorante al café y, luego de beber el agua que le habían servido junto con él, se dedicó a jugar con la copa mientras conversaba. "No habían pasado 24 horas de que le habían disparado a Lucas cuando un amigo mío me dijo qué había sucedido realmente. Yo no sabía nada, pero cuando comenzaron a nombrarme y a involucrarme me dije ?tranquilo, alguien va a decir la verdad?. Pero no lo hicieron. Y armaron toda la causa y me condenaron y me mandaron a la cárcel.
Decían que yo era un hijo del poder (su padre fue el fallecido camarista federal Jorge Miguel), y que por eso no me iban a condenar. ¡Mire cómo me fue!".
Los jueces que lo condenaron a 12 años de prisión, Emilio Páez de la Torre, Alberto Piedrabuena y Emilio Gnessi Lippi (ya fallecido) basaron su sentencia en el reconocimiento que realizaron tres amigos de Lucas Fernández: Bruno Bazzano, Enrique Zamudio y Luis Battaglia, acto que fue rechazado de plano por los jueces nacionales. "Ellos me involucraron a mí en la causa sabiendo que no tenía nada que ver. Lo hicieron para no contar la verdad de lo que pasó. Pero no les guardo rencor. Tampoco a los padres de Lucas, que se agarraron de lo que les decían los chicos que se habían criado con su hijo. Lo que yo no puedo creer, y no voy a perdonar, es que los jueces les hayan creído a ellos, sin ninguna prueba en mi contra. Es algo que no me entra en la cabeza", aseguró. El hecho de que los jueces nacionales hayan advertido en su sentencia que había muchas pruebas contra Julio Vergara Altuve que no se investigaron reafirmó lo que siempre sostuvo Miguel. "Si él (por Vergara) no fue el que disparó, sabe quién lo hizo. Pero detrás de él hubo una organización destinada a protegerlo y a perjudicarme a mí", aseguró. Relató que su situación procesal terminó con la vida de su padre ("el estaba seguro de que iba a volver a vivir con él al departamento, y me mandaron a la cárcel"); que hubo momentos en los que explotaba dentro del penal ("trataba de mantener mi tiempo ocupado, pero a veces reventaba") y que ahora lo único que quiere es rehacer su vida y estar con su familia ("son lo mejor que tengo"). "No me voy a quedar quieto hasta que se sepa la verdad. Ahora yo quiero que todo el mundo sepa qué fue lo que pasó ese 30 de marzo (1996). Que los que encubrieron digan la verdad, y que el verdadero asesino vaya a la cárcel. Yo voy a verlo desde el otro lado de las rejas".
"El fallo de la Corte Suprema de Justicia dejó desnudo un problema institucional. Hay jueces que no pueden administrar justicia y eso lo plantearé en la próxima sesión", aseguró el legislador radical Juan Robles, que fue defensor de Andrés Miguel cuando se realizó el juicio. "Los jueces no vieron la inocencia de Miguel en el caso y lo condenaron sin que hubiera ningún tipo de pruebas en su contra -añadió el abogado-. Tampoco vieron las que involucraban a otra persona en el caso, tal como lo dejaron en claro ahora los jueces nacionales". El legislador dijo que, a su entender, quienes condenaron a Miguel deberían renunciar a sus cargos. "Se tienen que hacer cargo del error que cometieron. No pueden seguir administrando justicia porque no hay peor ciego que aquel que no quiere ver las cosas", afirmó.
El abogado explicó además que ningún tipo de resarcimiento puede mitigar el daño que le causaron a su cliente. "Lo único que se puede hacer es procurar que no vuelva a ocurrir una situación como esta", dijo.







