17 Diciembre 2006 Seguir en 
Que Tucumán sea uno de los distritos con menor desarrollo del país no es una novedad. No debería serlo para ningún tucumano que tenga algunos años de residencia en la provincia. Estas "menciones especiales" no se ganan de un día para otro. No son producto de la mala suerte ni de las malvadas intenciones de terceros que nos quieren perjudicar (léase Fondo Monetario Internacional, centralismo porteño, etcétera). Desde hace varias décadas nuestra provincia invierte menos en educación y en salud que el promedio del país. Y gasta más en burocracia que la mayoría de las provincias. Y no es lo mismo invertir que gastar.
En los últimos años, hay algunos hechos alentadores y otros definitivamente desesperanzadores. Entre los primeros hay que anotar la mejora en la inversión en educación, salud e infraestructura sanitaria y vial. Entre los segundos, se debe apuntar que existe un grave retroceso institucional que seguramente retardará el desarrollo de Tucumán aún más. Es importante remarcar que los desatinos institucionales afectan la calidad de vida de los tucumanos.
Que se viole la autonomía municipal no es inofensivo.
Que se permita que el gobernador aumente los impuestos unilateralmente, dejando a la Legislatura como un mero organismo administrativo, no es inocuo.
Que se permita que la Legislatura sancione su propio presupuesto sin ningún tipo de tope, dando lugar a la instalación de una fábrica de ñoquis, como lo denunció el propio gobernador (José Alperovich), no alienta el desarrollo.
El caso de la Legislatura tucumana es un vivo ejemplo del deterioro institucional de la provincia, que nos atrasa y nos sume en la pobreza.
Un apéndice
La Cámara no cumple acabadamente con su función de dictar leyes, ya que las leyes más importantes son iniciativa del Poder Ejecutivo; tampoco controla la ejecución del presupuesto ni establece los tributos, quedando como un apéndice de la Casa de Gobierno que sólo aprueba las medidas que éste solicita.
Al parecer, la poca independencia que tiene la utiliza para nutrir a sus casi 7.000 empleados. Sólo para dar un ejemplo del costo en que incurrimos con el deterioro institucional, si en vez de funcionar con $ 120 millones anuales, lo hiciese con la mitad, al cabo de un período de 4 años, se podría ahorrar $ 240 millones, tal vez lo necesario para construir la tan ansiada autopista que una desde El Tala hasta Rumi Punco, evitando cientos de muertes absurdas y dando impulso a la economía local.
En definitiva, que no sorprende que Tucumán esté relativamente atrasada en relación con la demás provincias argentinas. Lo que llama la atención es que todavía no haya reaccionado.
En los últimos años, hay algunos hechos alentadores y otros definitivamente desesperanzadores. Entre los primeros hay que anotar la mejora en la inversión en educación, salud e infraestructura sanitaria y vial. Entre los segundos, se debe apuntar que existe un grave retroceso institucional que seguramente retardará el desarrollo de Tucumán aún más. Es importante remarcar que los desatinos institucionales afectan la calidad de vida de los tucumanos.
Que se viole la autonomía municipal no es inofensivo.
Que se permita que el gobernador aumente los impuestos unilateralmente, dejando a la Legislatura como un mero organismo administrativo, no es inocuo.
Que se permita que la Legislatura sancione su propio presupuesto sin ningún tipo de tope, dando lugar a la instalación de una fábrica de ñoquis, como lo denunció el propio gobernador (José Alperovich), no alienta el desarrollo.
El caso de la Legislatura tucumana es un vivo ejemplo del deterioro institucional de la provincia, que nos atrasa y nos sume en la pobreza.
Un apéndice
La Cámara no cumple acabadamente con su función de dictar leyes, ya que las leyes más importantes son iniciativa del Poder Ejecutivo; tampoco controla la ejecución del presupuesto ni establece los tributos, quedando como un apéndice de la Casa de Gobierno que sólo aprueba las medidas que éste solicita.
Al parecer, la poca independencia que tiene la utiliza para nutrir a sus casi 7.000 empleados. Sólo para dar un ejemplo del costo en que incurrimos con el deterioro institucional, si en vez de funcionar con $ 120 millones anuales, lo hiciese con la mitad, al cabo de un período de 4 años, se podría ahorrar $ 240 millones, tal vez lo necesario para construir la tan ansiada autopista que una desde El Tala hasta Rumi Punco, evitando cientos de muertes absurdas y dando impulso a la economía local.
En definitiva, que no sorprende que Tucumán esté relativamente atrasada en relación con la demás provincias argentinas. Lo que llama la atención es que todavía no haya reaccionado.







