27 Septiembre 2002 Seguir en 
En un asalto muy bien planificado, cuatro hombres armados ingresaron ayer a la mañana en una vivienda y, luego de reducir a la familia, se llevaron un botín de poco más de 30.000 dólares.
Las víctimas prefirieron no hacer declaraciones. El hecho ocurrió en calle San Juan 1.756, donde vive Marta Juana Capiti, de 61 años. Según la información policial, la mujer había cobrado hace pocos días 30.200 dólares, luego de que se le hizo lugar a un recurso de amparo por los fondos que habían quedado atrapados en el corralito. Justamente, temiendo un asalto en su casa, llamó a un albañil y le hizo construir bajo el piso de su habitación, debajo de un armario, una especie de bóveda, en la que guardó el dinero. Ese detalle es el que les hizo pensar a los investigadores que alguien había "entregado" a la mujer para que la asaltaran.
Ayer a las 10.30, un desconocido tocó el portero-visor de la casa. En el interior, además de la dueña de la propiedad, estaban su hijo, su nieto y un amigo de apellido Albornoz. "¿Está Martita?", preguntaron desde la puerta. Creyendo que se trataba de algún familiar, Albornoz fue hasta la puerta y cuando la abrió, el hombre que estaba afuera le puso una pistola en la cabeza y lo empujó hacia adentro. Junto a él, entraron otros tres hombres. Todos -los delincuentes y el rehén- recorrieron el largo pasillo que separa el garaje que da a la calle de la casa, que está al fondo.
Dos escondites
Según la Policía, una vez en la vivienda, dejaron a la mujer con su nieto en una pieza, y se llevaron a los otros dos hombres a la otra pieza. A Albornoz lo ataron con cables. Primero abrieron una caja fuerte que está detrás de una mesa de luz, de la que sacaron 200 dólares. "¡No, no; nosotros queremos la plata fuerte!", gritaron los delincuentes. Entonces corrieron el armario y comenzaron a romper el piso, hasta que encontraron la bóveda "secreta". Allí, dentro de una cacerola, estaban los U$S 30.000. Las baldosas eran igual que las del resto de la casa, pero al haber sido colocadas hace poco tiempo, estaban menos gastadas, lo que marcaba el lugar del escondite. Los hombres estuvieron en la vivienda casi una hora y media. Cuando obtuvieron lo que buscaban, escaparon en un automóvil Fiat Duna que habrían dejado estacionado en la puerta, según afirmaron algunos vecinos. Según la denuncia, no se habrían llevado nada más que el dinero. Cuando las víctimas lograron soltarse de sus ataduras, hicieron la denuncia. Pero los delincuentes ya estaban lejos, y habían borrado sus huellas. Hasta anoche, nada se sabía de ellos.
Los vecinos dijeron que la zona es bastante tranquila, y que les sorprendía que nadie hubiera escuchado nada de lo sucedido.
Las víctimas prefirieron no hacer declaraciones. El hecho ocurrió en calle San Juan 1.756, donde vive Marta Juana Capiti, de 61 años. Según la información policial, la mujer había cobrado hace pocos días 30.200 dólares, luego de que se le hizo lugar a un recurso de amparo por los fondos que habían quedado atrapados en el corralito. Justamente, temiendo un asalto en su casa, llamó a un albañil y le hizo construir bajo el piso de su habitación, debajo de un armario, una especie de bóveda, en la que guardó el dinero. Ese detalle es el que les hizo pensar a los investigadores que alguien había "entregado" a la mujer para que la asaltaran.
Ayer a las 10.30, un desconocido tocó el portero-visor de la casa. En el interior, además de la dueña de la propiedad, estaban su hijo, su nieto y un amigo de apellido Albornoz. "¿Está Martita?", preguntaron desde la puerta. Creyendo que se trataba de algún familiar, Albornoz fue hasta la puerta y cuando la abrió, el hombre que estaba afuera le puso una pistola en la cabeza y lo empujó hacia adentro. Junto a él, entraron otros tres hombres. Todos -los delincuentes y el rehén- recorrieron el largo pasillo que separa el garaje que da a la calle de la casa, que está al fondo.
Dos escondites
Según la Policía, una vez en la vivienda, dejaron a la mujer con su nieto en una pieza, y se llevaron a los otros dos hombres a la otra pieza. A Albornoz lo ataron con cables. Primero abrieron una caja fuerte que está detrás de una mesa de luz, de la que sacaron 200 dólares. "¡No, no; nosotros queremos la plata fuerte!", gritaron los delincuentes. Entonces corrieron el armario y comenzaron a romper el piso, hasta que encontraron la bóveda "secreta". Allí, dentro de una cacerola, estaban los U$S 30.000. Las baldosas eran igual que las del resto de la casa, pero al haber sido colocadas hace poco tiempo, estaban menos gastadas, lo que marcaba el lugar del escondite. Los hombres estuvieron en la vivienda casi una hora y media. Cuando obtuvieron lo que buscaban, escaparon en un automóvil Fiat Duna que habrían dejado estacionado en la puerta, según afirmaron algunos vecinos. Según la denuncia, no se habrían llevado nada más que el dinero. Cuando las víctimas lograron soltarse de sus ataduras, hicieron la denuncia. Pero los delincuentes ya estaban lejos, y habían borrado sus huellas. Hasta anoche, nada se sabía de ellos.
Los vecinos dijeron que la zona es bastante tranquila, y que les sorprendía que nadie hubiera escuchado nada de lo sucedido.







