10 Diciembre 2006 Seguir en 
SANTIAGO DEL CHILE- "Decídete, porque nosotros ya lo estamos. Si no lo haces, vamos a ir solos con la Marina, y el Ejército se va a quedar fuera", le advirtió el general de la Fuerza Aérea de Chile Gustavo Leigh al general Augusto Pinochet, instándole a sumarse al golpe militar que terminó con el gobierno del presidente Salvador Allende, el 11 de septiembre de 1973.
Así, aunque siempre lo negó, Pinochet fue el último de los jefes castrenses en embarcarse en la aventura golpista que también acabó con la vida de Allende, según relatan algunas publicaciones de la época.
Pinochet, que una vez aseveró que Dios lo había puesto en el poder, parecía tener dudas de participar en la revuelta para derribar al presidente democráticamente electo, pero se decidió y firmó una carta elaborada por el que hasta el golpe era el segundo hombre de la Armada, el almirante José Toribio Merino. "...Decídanse por el bien de la patria, y si están conformes, firmen...", decía la perentoria nota que le envió el marino.
Corría el 9 de septiembre de 1973, y el embarque a última hora de Pinochet en el golpe castrense se materializó en su casa en Santiago, aprovechando la celebración del cumpleaños de uno de sus cinco hijos.
Confió en que así no despertaría posibles sospechas de los aparatos de seguridad del gobierno de Allende, agregan medios periodísticos de entonces. Dos días después de asegurar con su firma que participaría, Pinochet, junto al general Leigh, el almirante Merino y el general César Mendoza de Carabineros (policía uniformada), que era hasta el golpe el sexto en la línea de mando de la institución, ordenaba bombardear La Moneda (palacio presidencial) y exigía la renuncia del presidente Allende y la entrega de todos los colaboradores del mandatario.
De ahí para adelante los golpistas conformaron la denominada Junta de Gobierno y se desató una feroz persecución contra partidarios del gobernante socialista, que pudo ejercer sólo la mitad del periodo constitucional de seis años (1970-73).
Allende, que se suicidó en la sede gubernamental, había designado
a Pinochet como comandante en jefe del Ejército el 23 agosto de 1973, sólo 19 días antes del golpe, por recomendación del renunciado general Carlos Prats, muerto más tarde en Argentina por agentes de la policía secreta del régimen.
Durante todo el período en que se prolongó la dictadura -que para Pinochet no era más que una "dictablanda"- el jefe castrense se hizo del poder total y desplazó a lugares secundarios en la cúpula gobernante a quienes lo habían invitado a tomar parte en el golpe.
Así, a partir de diciembre de 1974, se proclamó Jefe Supremo de la Nación. Y desde el 11 de marzo de 1981, asumió como presidente
constitucional tras un plebiscito al que convocó para que los chilenos aprobaran una constitución redactada por el régimen.
La oposición de entonces calificó la consulta de fraudulenta, ya que no había registros electorales y ni prensa libre. Además de jefe de gobierno, Pinochet, que una vez dijo que tenía "la cara agria" y que tal vez por eso sus opositores lo calificaban de "dictador", mantuvo para sí la comandancia en jefe del Ejército, cargo que ejerció hasta 1998, después de haber dejado la presidencia en 1990.
Con su muerte, se va también el último de los cuatro generales y almirantes que encabezaron y dirigieron la Junta Militar. Antes que él murieron el general Leigh, el general Mendoza y el almirante Merino. "Me iré al cielo", le respondió en 1995 a una periodista que le consultó adónde partiría tras su muerte.
Preguntado más tarde si quería morir con las botas puestas, pidió:
"Quiero que me vistan con uniforme de combate y así me entierren". Sin embargo, sus familiares dijeron recientemente que el deseo de
Pinochet es que lo cremen cuando fallezca. Una de las razones que esgrimió es para evitar que la tumba donde eventualmente iban a descansar sus restos fuera profanada por opositores a la dictadura. (DPA)
Así, aunque siempre lo negó, Pinochet fue el último de los jefes castrenses en embarcarse en la aventura golpista que también acabó con la vida de Allende, según relatan algunas publicaciones de la época.
Pinochet, que una vez aseveró que Dios lo había puesto en el poder, parecía tener dudas de participar en la revuelta para derribar al presidente democráticamente electo, pero se decidió y firmó una carta elaborada por el que hasta el golpe era el segundo hombre de la Armada, el almirante José Toribio Merino. "...Decídanse por el bien de la patria, y si están conformes, firmen...", decía la perentoria nota que le envió el marino.
Corría el 9 de septiembre de 1973, y el embarque a última hora de Pinochet en el golpe castrense se materializó en su casa en Santiago, aprovechando la celebración del cumpleaños de uno de sus cinco hijos.
Confió en que así no despertaría posibles sospechas de los aparatos de seguridad del gobierno de Allende, agregan medios periodísticos de entonces. Dos días después de asegurar con su firma que participaría, Pinochet, junto al general Leigh, el almirante Merino y el general César Mendoza de Carabineros (policía uniformada), que era hasta el golpe el sexto en la línea de mando de la institución, ordenaba bombardear La Moneda (palacio presidencial) y exigía la renuncia del presidente Allende y la entrega de todos los colaboradores del mandatario.
De ahí para adelante los golpistas conformaron la denominada Junta de Gobierno y se desató una feroz persecución contra partidarios del gobernante socialista, que pudo ejercer sólo la mitad del periodo constitucional de seis años (1970-73).
Allende, que se suicidó en la sede gubernamental, había designado
a Pinochet como comandante en jefe del Ejército el 23 agosto de 1973, sólo 19 días antes del golpe, por recomendación del renunciado general Carlos Prats, muerto más tarde en Argentina por agentes de la policía secreta del régimen.
Durante todo el período en que se prolongó la dictadura -que para Pinochet no era más que una "dictablanda"- el jefe castrense se hizo del poder total y desplazó a lugares secundarios en la cúpula gobernante a quienes lo habían invitado a tomar parte en el golpe.
Así, a partir de diciembre de 1974, se proclamó Jefe Supremo de la Nación. Y desde el 11 de marzo de 1981, asumió como presidente
constitucional tras un plebiscito al que convocó para que los chilenos aprobaran una constitución redactada por el régimen.
La oposición de entonces calificó la consulta de fraudulenta, ya que no había registros electorales y ni prensa libre. Además de jefe de gobierno, Pinochet, que una vez dijo que tenía "la cara agria" y que tal vez por eso sus opositores lo calificaban de "dictador", mantuvo para sí la comandancia en jefe del Ejército, cargo que ejerció hasta 1998, después de haber dejado la presidencia en 1990.
Con su muerte, se va también el último de los cuatro generales y almirantes que encabezaron y dirigieron la Junta Militar. Antes que él murieron el general Leigh, el general Mendoza y el almirante Merino. "Me iré al cielo", le respondió en 1995 a una periodista que le consultó adónde partiría tras su muerte.
Preguntado más tarde si quería morir con las botas puestas, pidió:
"Quiero que me vistan con uniforme de combate y así me entierren". Sin embargo, sus familiares dijeron recientemente que el deseo de
Pinochet es que lo cremen cuando fallezca. Una de las razones que esgrimió es para evitar que la tumba donde eventualmente iban a descansar sus restos fuera profanada por opositores a la dictadura. (DPA)
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