10 Diciembre 2006 Seguir en 
SANTIAGO.- Los caminos del libre mercado que recorre con éxito la economía de Chile conforman la herencia que dejó el ex dictador Augusto Pinochet, quien falleció este domingo a los 91 años en Santiago de una descompensación tras sufrir un infarto cardiaco la semana pasada.
"Ya no hay trigo para el pan", anunció el presidente socialista Salvador Allende en una de sus últimas jornadas, antes del golpe militar que instaló al general Pinochet en el poder por 17 años, el 11 de septiembre de 1973.
Chile vivía entonces sumido en una ola de huelgas, ocupaciones de tierras y fábricas, sabotajes y atentados, además de los choques entre grupos paramilitares de la derecha y la izquierda.
La producción estaba paralizada, el desabastecimiento afectaba la vida diaria de cada chileno y la inflación acumulaba tres dígitos.
Fue el clima previo al golpe de los militares, que con la asesoría de jóvenes discípulos de la Escuela de Chicago y a la luz de las enseñanzas de Milton Friedman, implantaron la "economía de libre mercado", vigente hasta hoy como legado de la cruenta dictadura.
Tres décadas después, Chile se proyecta como uno de los países de mayor expansión en América Latina, con un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) que supera el promedio de la región y que en 2006 debería fluctuar entre un 4,5 y un 5%, según estimaciones oficiales.
"Nos parecemos más a países industrializados que a emergentes", comentaba hace algún tiempo el presidente del Banco Central, Vittorio Corbo, un reconocido libremercadista designado en esas funciones por el ex presidente socialista Ricardo Lagos (2000-2006).
El Fondo Monetario Internacional (FMI) elogió el manejo de las autoridades de Chile, un país "inmune" al contagio de los vecinos en crisis, según el director gerente de la organización, Horst Koehler.
"¿Por qué cree usted que eligen a Chile? Porque es serio, porque es confiable", preguntaba y se respondía Lagos, tras la firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, que entró en funcionamiento el primero de enero de 2004.
En menos de 10 años, Chile pactó desgravámenes con 31 estados, incluidos los 15 de la Unión Europea, a los que este año se sumaron los mercados gigantes de China y Japón.
Los productos chilenos acceden libremente a dos tercios del mercado mundial y Chile fue sede de una cumbre de la APEC (Foro de Cooperación Económica del Asia Pacífico), en noviembre de 2004.
Los chilenos --algunos a regañadientes-- admiten que ésta es la herencia del régimen militar de Pinochet (1973-1990), según los sondeos de opinión pública donde con igual claridad condenan las violaciones de los derechos humanos de la dictadura y su secuela de más de 3.000 muertos y desaparecidos.
"No, por supuesto que Pinochet no fue un iluminado para descartar vías y optar por la apertura y las reformas", dijo a la AFP en septiembre de 2003 el economista Alvaro Bardón, un ex colaborador de su régimen.
"El grueso de la cultura y la tradición militar era de corte tradicional: dirigismo del Estado, estatista y liderazgo del Estado", precisó Bardón.
"Y, además, todos --los curas, los civiles, empresarios, los trabajadores-- estaban en contra del cambio", señaló.
"Alguna vez escuché decir a Pinochet que, si estabamos echando a Allende, no se podía hacer lo que hacia Allende", recordó.
O sea, "había que hacer, aunque no entendiera nada, una cosa distinta", según el economista, que en la administración de Pinochet dirigió el Banco Central.
Según Bardón, el camino liberal tras la "Vía Chilena al Socialismo" que impulsó Allende, fue pavimentado con una sucesión de casualidades, "casi como en un milagro".
"Chile estaba en ruinas con Allende, vino la crisis del encarecimiento del petróleo (1975), que dejó sin un dólar al país. Ya a mediados de 1974 los gobernantes no tenían opciones y, finalmente, vino la coincidencia más importante: la aparición de una generación de economistas educada en Estados Unidos, que cuestionó la estrategia de desarrollo hacia adentro y reivindicó el libre mercado", según la enumeración de Bardon. (AFP-NA)
"Ya no hay trigo para el pan", anunció el presidente socialista Salvador Allende en una de sus últimas jornadas, antes del golpe militar que instaló al general Pinochet en el poder por 17 años, el 11 de septiembre de 1973.
Chile vivía entonces sumido en una ola de huelgas, ocupaciones de tierras y fábricas, sabotajes y atentados, además de los choques entre grupos paramilitares de la derecha y la izquierda.
La producción estaba paralizada, el desabastecimiento afectaba la vida diaria de cada chileno y la inflación acumulaba tres dígitos.
Fue el clima previo al golpe de los militares, que con la asesoría de jóvenes discípulos de la Escuela de Chicago y a la luz de las enseñanzas de Milton Friedman, implantaron la "economía de libre mercado", vigente hasta hoy como legado de la cruenta dictadura.
Tres décadas después, Chile se proyecta como uno de los países de mayor expansión en América Latina, con un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) que supera el promedio de la región y que en 2006 debería fluctuar entre un 4,5 y un 5%, según estimaciones oficiales.
"Nos parecemos más a países industrializados que a emergentes", comentaba hace algún tiempo el presidente del Banco Central, Vittorio Corbo, un reconocido libremercadista designado en esas funciones por el ex presidente socialista Ricardo Lagos (2000-2006).
El Fondo Monetario Internacional (FMI) elogió el manejo de las autoridades de Chile, un país "inmune" al contagio de los vecinos en crisis, según el director gerente de la organización, Horst Koehler.
"¿Por qué cree usted que eligen a Chile? Porque es serio, porque es confiable", preguntaba y se respondía Lagos, tras la firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, que entró en funcionamiento el primero de enero de 2004.
En menos de 10 años, Chile pactó desgravámenes con 31 estados, incluidos los 15 de la Unión Europea, a los que este año se sumaron los mercados gigantes de China y Japón.
Los productos chilenos acceden libremente a dos tercios del mercado mundial y Chile fue sede de una cumbre de la APEC (Foro de Cooperación Económica del Asia Pacífico), en noviembre de 2004.
Los chilenos --algunos a regañadientes-- admiten que ésta es la herencia del régimen militar de Pinochet (1973-1990), según los sondeos de opinión pública donde con igual claridad condenan las violaciones de los derechos humanos de la dictadura y su secuela de más de 3.000 muertos y desaparecidos.
"No, por supuesto que Pinochet no fue un iluminado para descartar vías y optar por la apertura y las reformas", dijo a la AFP en septiembre de 2003 el economista Alvaro Bardón, un ex colaborador de su régimen.
"El grueso de la cultura y la tradición militar era de corte tradicional: dirigismo del Estado, estatista y liderazgo del Estado", precisó Bardón.
"Y, además, todos --los curas, los civiles, empresarios, los trabajadores-- estaban en contra del cambio", señaló.
"Alguna vez escuché decir a Pinochet que, si estabamos echando a Allende, no se podía hacer lo que hacia Allende", recordó.
O sea, "había que hacer, aunque no entendiera nada, una cosa distinta", según el economista, que en la administración de Pinochet dirigió el Banco Central.
Según Bardón, el camino liberal tras la "Vía Chilena al Socialismo" que impulsó Allende, fue pavimentado con una sucesión de casualidades, "casi como en un milagro".
"Chile estaba en ruinas con Allende, vino la crisis del encarecimiento del petróleo (1975), que dejó sin un dólar al país. Ya a mediados de 1974 los gobernantes no tenían opciones y, finalmente, vino la coincidencia más importante: la aparición de una generación de economistas educada en Estados Unidos, que cuestionó la estrategia de desarrollo hacia adentro y reivindicó el libre mercado", según la enumeración de Bardon. (AFP-NA)
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