El Gobierno se devalúa, al compás de la crisis fiscal, que se traduce en el retraso del pago de salarios, entre otras cuestiones. A las dificultades financieras se suman las de naturaleza política.
La renuncia del ministro de Salud Pública, Alejandro Sangenis, desató otra crisis de gabinete, a 15 días de la que se cerró con la asunción de Osvaldo Jaldo en Economía. El alejamiento del interventor de Instituto de Previsión y Seguridad Social, Mario Leito, apareció como la razón visible de la drástica decisión de Sangenis.
Leito se fue de la función pública, tras haber consultado al ex senador José Fernando Carbonell, su socio en la práctica de la abogacía.
Ambos llegaron a la conclusión de que no tenía sentido seguir en una tarea, cuando el clima político se había enrarecido en forma notable. Las versiones de cambio, que habían circulado profusamente, terminaron por hartar a Leito.
El episodio ahonda más la brecha que separa a Carbonell de Miranda, desde que el primero no aceptó sustituir a Joaquín Ferre en el Ministerio de Economía. Y las críticas que un gremialista de Vialidad -muy amigo del gobernador- disparó, en la madrugada del lunes, en contra del ex senador en la cena de Alpa Puyo, empeoró la relación de los ex aliados.
Sangenis estaba al tanto del estado de ánimo de su colaborador en el Subsidio de Salud. La ida de Leito le abrió el atajo para retirarse del Gobierno de Miranda. Hay claves políticas y financieras que explican la actitud del ex diputado peronista de la década del 80. Para él era inaceptable que alguno de los organismos del Ministerio de Salud Pública resultara "prenda de unión de acuerdos electorales".
De ese modo, se refería al acuerdo de Miranda con Olijela Rivas, a consecuencia del cual se promovía el reemplazo de Leito por el ex senador Mario Saracho. Este es hombre de confianza de la diputada, que aspira a retornar al Senado en 2003.
El pacto Miranda-Rivas no estabilizó al oficialismo. La sangría del equipo que conducía la salud pública es una muestra de eso. El intento de "peronización" de los cuadros técnicos cayó mal porque fue planteado cuando la crisis del sistema hospitalario es muy grave.
La desfinanciación y la falta de instrumentos que adicionen fondos para ese sector del aparato gubernamental difícilmente se reviertan de un día para el otro.
Sangenis era consciente de que las dificultades aumentarían sin fin previsible. "Se confundió inversión con gasto", alertó el ministro renunciante. Antes, había dejado también la conducción del Sistema Provincial de Salud, argumentando razones presupuestarias. Las carencias prevalecen sobre los diseños políticos.
En el aparato estatal se zanjó el debate, pero en el peronismo sigue vivo. La anterior crisis de gabinete sumió en la parálisis al Gobierno por largos días. Pero los problemas de la salud pública no soportan el vacío de poder.
26 Septiembre 2002 Seguir en 
Por Carlos Abrehu





