26 Septiembre 2002 Seguir en 
En nuestra crónica de la reciente fiesta patronal de Virgen de La Merced en la Villa de Medinas, se registran declaraciones de vecinos que deploran la no inclusión de esa localidad en los circuitos turísticos, a pesar de que fue declarada "lugar histórico" por la Nación en 1999.
En varias ocasiones, nuestras columnas han destacado el interés histórico de la Villa de Medinas, ubicada a 83 kilómetros de Tucumán y con acceso por la ruta provincial 329. Todo ese sector, cuyo primitivo nombre era Acapianta, figura en las crónicas locales desde tiempos de la conquista, cuando era encomienda del capitán Gaspar de Medina. Su apellido terminaría bautizando aquellas tierras. Ya tenía capilla al promediar el siglo XVIII, y una centuria después era una población importante, en su condición de posta del camino de Córdoba a Tucumán por La Travesía, y del que iba a Catamarca por la Cuesta del Totoral. Además, constituía un significativo centro acopiador de arroz y de tabaco, y contaba con grandes quintas y plantaciones de caña. El valor de estas últimas se acentuó al fundarse los ingenios La Trinidad y San Felipe de Los Vega en sus proximidades. Pero en los años finales del siglo XIX Medinas empezó a decaer, al ser marginada del trazado del ferrocarril provincial. La absorción de sus roles y funciones urbanas por el ingenio La Trinidad y la desaparición de la actividad arrocera fueron otros factores que se conjugaron para su declinación.
Así lo estudió en sus trabajos el arquitecto Carlos Paolasso, quien considera que "por su importancia como centro urbano a fines del siglo pasado, poco modificado por su falta de desarrollo posterior", Medinas constituye "el mejor ejemplo de pueblo histórico de la provincia". En efecto, sus calles y sus edificios crean un clima de singular interés por su sabor de antigüedad y tradición. Este, adecuadamente utilizado, puede ejercer mucha atracción sobre el turista que llega a Tucumán buscando testimonios de otras épocas. La declaración de "lugar histórico" que le adjudicó el Gobierno nacional tres años atrás no fue más que un reconocimiento de ese incentivo que la Villa de Medinas posee. Muchas veces, cabe recordar, publicaciones nacionales le han dedicado notas especiales, y destacados fotógrafos se han esmerado en capturar sus imágenes. Todos estos elementos sin duda hacen necesario que las autoridades se aboquen a trabajar, en el sentido turístico, sobre la Villa de Medinas. Bien sabemos que, en otras provincias argentinas, una adecuada acción del poder público ha logrado valorizar los elementos del pasado de las localidades interiores y, con la correspondiente publicidad, ha podido convertirlas en centros que convocan a los viajeros. Nuestra villa tiene todas las posibilidades para que allí se apliquen tales criterios, y sería del caso estudiar realmente el tema.
Con sus viejas casas que hablan de tiempos idos y venturosos, y su antigua iglesia parroquial, Medinas tiene una personalidad por demás interesante para quien desee ensayar una mirada profunda sobre el Tucumán del siglo XIX. Para que todo eso se aproveche, en beneficio de la actividad turística provincial y como fuente de trabajo para los pobladores, es necesaria la acción oficial. Acción del Gobierno nacional, que debe efectuar aportes para promover los pueblos que ha colocado en la categoría de "lugar histórico", y también acción del Estado provincial, que tiene jurisdicción específica en el tema.
Convendría prestar a este tema la preocupación que siempre ha merecido y que sin embargo no se le dispensa. Medinas es un pueblo histórico, y es nuestra obligación explotar esa característica, para que se revierta el proceso de decadencia de una laboriosa y desprotegida comunidad. Deben tomarse las medidas para dirigir el turismo hacia allí, y para valorizar todo lo interesante que puede acicatear a los forasteros.
En varias ocasiones, nuestras columnas han destacado el interés histórico de la Villa de Medinas, ubicada a 83 kilómetros de Tucumán y con acceso por la ruta provincial 329. Todo ese sector, cuyo primitivo nombre era Acapianta, figura en las crónicas locales desde tiempos de la conquista, cuando era encomienda del capitán Gaspar de Medina. Su apellido terminaría bautizando aquellas tierras. Ya tenía capilla al promediar el siglo XVIII, y una centuria después era una población importante, en su condición de posta del camino de Córdoba a Tucumán por La Travesía, y del que iba a Catamarca por la Cuesta del Totoral. Además, constituía un significativo centro acopiador de arroz y de tabaco, y contaba con grandes quintas y plantaciones de caña. El valor de estas últimas se acentuó al fundarse los ingenios La Trinidad y San Felipe de Los Vega en sus proximidades. Pero en los años finales del siglo XIX Medinas empezó a decaer, al ser marginada del trazado del ferrocarril provincial. La absorción de sus roles y funciones urbanas por el ingenio La Trinidad y la desaparición de la actividad arrocera fueron otros factores que se conjugaron para su declinación.
Así lo estudió en sus trabajos el arquitecto Carlos Paolasso, quien considera que "por su importancia como centro urbano a fines del siglo pasado, poco modificado por su falta de desarrollo posterior", Medinas constituye "el mejor ejemplo de pueblo histórico de la provincia". En efecto, sus calles y sus edificios crean un clima de singular interés por su sabor de antigüedad y tradición. Este, adecuadamente utilizado, puede ejercer mucha atracción sobre el turista que llega a Tucumán buscando testimonios de otras épocas. La declaración de "lugar histórico" que le adjudicó el Gobierno nacional tres años atrás no fue más que un reconocimiento de ese incentivo que la Villa de Medinas posee. Muchas veces, cabe recordar, publicaciones nacionales le han dedicado notas especiales, y destacados fotógrafos se han esmerado en capturar sus imágenes. Todos estos elementos sin duda hacen necesario que las autoridades se aboquen a trabajar, en el sentido turístico, sobre la Villa de Medinas. Bien sabemos que, en otras provincias argentinas, una adecuada acción del poder público ha logrado valorizar los elementos del pasado de las localidades interiores y, con la correspondiente publicidad, ha podido convertirlas en centros que convocan a los viajeros. Nuestra villa tiene todas las posibilidades para que allí se apliquen tales criterios, y sería del caso estudiar realmente el tema.
Con sus viejas casas que hablan de tiempos idos y venturosos, y su antigua iglesia parroquial, Medinas tiene una personalidad por demás interesante para quien desee ensayar una mirada profunda sobre el Tucumán del siglo XIX. Para que todo eso se aproveche, en beneficio de la actividad turística provincial y como fuente de trabajo para los pobladores, es necesaria la acción oficial. Acción del Gobierno nacional, que debe efectuar aportes para promover los pueblos que ha colocado en la categoría de "lugar histórico", y también acción del Estado provincial, que tiene jurisdicción específica en el tema.
Convendría prestar a este tema la preocupación que siempre ha merecido y que sin embargo no se le dispensa. Medinas es un pueblo histórico, y es nuestra obligación explotar esa característica, para que se revierta el proceso de decadencia de una laboriosa y desprotegida comunidad. Deben tomarse las medidas para dirigir el turismo hacia allí, y para valorizar todo lo interesante que puede acicatear a los forasteros.





