Andrés Calamaro, el ave Fénix del rock

El rockero, que acaba de lanzar su disco "El palacio de las flores", volvió a erigirse como uno de los músicos más importantes de la Argentina. A punto de ser padre y tras superar una profunda crisis personal, el artista vuelve a los escenarios, mucho más creativo y verborrágico.

28 Noviembre 2006
Sin duda, 2006 será recordado como el año de Andrés Calamaro. No sólo porque supo resurgir de las cenizas, como el ave Fénix, sino porque demostró una vez más que es uno de los artistas nacionales más importantes. Este período de vacas gordas comenzó con los shows en el Luna Park en abril de 2005 y la posterior edición de "El regreso". Este año, el artista lanzó el DVD y CD "Made in Argentina 2005", un nuevo CD de tangos "Tinta roja" y "El palacio de las flores", que acaba de presentar.
"Me había olvidado del respeto y de la pequeña importancia que yo tenía dentro del concierto argentino de rock, y durante muchos años no practiqué la conciencia de lo que podía hacer", comentó el artista.Calamaro nació el 22 de agosto de 1961. Aprendió a tocar el bandoneón a los ocho años y a los 17 ya tocaba los teclados en el grupo de candombe-rock Raíces, con quienes debutó discográficamente. Luego se incorporó a Los Abuelos de la Nada, la agrupación de Miguel Abuelo que grabó cinco discos. De hecho, Calamaro compuso dos de los hits de la banda: "Mil horas" y "Sin gamulán". En 1984 hizo su debut solista, con "Hotel Calamaro". Duramente criticado, este disco fue casi ignorado por el público. En 1991 emigró a España, en donde fundó la banda Los Rodríguez, junto a Ariel Rot, Javier Infante y Germán Vilella. Con ellos grabó cuatro placas y consiguió mayor éxito con "Sin documentos" (1993). Calamaro plasmó en 2000 su disco quíntuple "El salmón", el último con canciones nuevas hasta "El jardín de las flores". Sus problemas personales -entre ellos, la droga- lo alejaron de los escenarios. Sin embargo sus amigos y su actual pareja, la actriz Julieta Cardinale (con la que espera su primer hijo) lo rescataron de la soledad y lo ayudaron a recuperar su verborragia compositiva. "Todos perdemos la inocencia, pero mi voz y la de Litto Nebbia se mantienen jóvenes. Lo que no voy a perder es mi humildad", dijo.

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