El power trío hizo honor a su condición

Aunque organizativamente el show tuvo complicaciones, la actuación de Divididos hizo olvidar los problemas.

MULTITUD EN LA FIESTA. El estadio de Villa Luján quedó chico para albergar la cantidad de gente que fue al recital, y mientras en las tribunas algunos permanecieron sentados, en la cancha todo fue agite y pogo. LA GACETA / FRANCO VERA
MULTITUD EN LA FIESTA. El estadio de Villa Luján quedó chico para albergar la cantidad de gente que fue al recital, y mientras en las tribunas algunos permanecieron sentados, en la cancha todo fue agite y pogo. LA GACETA / FRANCO VERA
26 Noviembre 2006
El buen humor que Ricardo Mollo había exhibido en la entrevista con los periodistas el jueves por la noche, se borró el viernes por la siesta. Al concurrir al estadio de Villa Luján a hacer la prueba de sonido, todo estaba mal: "así no se podía tocar, ellos son la aplanadora, no Los Parchis", resumió uno de los colaboradores de la banda, Nicolás Cabré. Los productores tuvieron que meter violín en la bolsa y salieron desesperados a contratar otro sonido. Y la alegría volvió al rostro de Mollo cuando hizo la segunda prueba, entre las 22 y 22.45, junto al bajista Diego Arnedo y al baterista Catriel Ciavarella y una media docena de técnicos. Allí fue cuando el parquet de la cancha empezó por primera vez a temblar por el explosivo sonido.
Está claro entonces, que organizativamente todo venía para abajo: el show que debía empezar a las 21 con Arrabal, Las Malas Lenguas y Harakiri había quedado atrás: no tocó ninguno de los grupos tucumanos, y Divididos subió al escenario exactamente a las 0.30, cuando todavía había gente haciendo fila en la calle. Mucho más tarde de lo previsto, porque, además, el acceso del público a la cancha se demoró excesivamente por los cacheos de la policía (no se entiende bien porque se cansaron de secuestrar cigarrillos y encendedores).
Mientras en los alrededores del estadio la cerveza se había agotado, y el IPLA hacía operativos en todos los quioscos y bares, adentro, tal vez por esas cosas de las leyes del mercado de la oferta y de la demanda, de repente la lata pasó de $3 a $ 5. Las mismas leyes intervinieron para que el precio de la entrada, en la puerta, se elevara de $18 a $20.

Potencia
De todos modos, los problemas y la bronca de la gente se olvidaron cuando Divididos arrancó con "La ñapi de mamá", y todo se convirtió en una verdadera fiesta. Mientras Mollo cantaba "...hubo un tiempo que fui hermoso y fui preso de verdad...", una de las jovencitas le arrojó un chupetín al escenario y el guitarrista se dio el lujo de rasgar su guitarra con la golosina durante algunos segundos. En esa escena quedó claro que Divididos -como ocurrió siempre cuando toca en Tucumán- se gana al público inmediatamente, sobre todo al femenino, que fue mayoría en la noche del viernes. La "aplanadora del rock" hizo honor a su condición: no sólo los fanáticos vibraron con cada tema, sino también el mismo piso de Villa Luján con la potencia del sonido durante los 20 temas.
El power trío sonó más que ajustado, y si bien el guitarrista no cruzó con sus saltos el escenario (como es frecuente en sus performances), cada músico tuvo sus propios solos que se destacaron. Por ejemplo, Catriel Ciavarella no dudó un instante cuando a las 1.30 fue abandonado en el escenario, y se despachó con un set de redoblantes, bombos y platillos durante más de cinco minutos. Después de la brillante interpretación de "Tomando mate en La Paz", a las 2, el grupo bajó fugazmente el tono, cuando interpretó la particular versión de "Cielito lindo". Pero no se trató más que de un breve descanso, para continuar, ininterrumpidamente con el set final, que terminó con "Ala Delta", "Next Week" y "Basta Fuerte" y Mollo dejando la sexta guitarra que había utilizado durante el show y bajando a saludar a las chicas de la primera fila que se desesperaban por tocarlo y besarlo. El guitarrista cumplió raudamente con todas en su despedida, y salió corriendo ayudado por sus colaboradores para ingresar en una combi que lo llevó de vuelta al hotel en el parque 9 de Julio.
Habían pasado casi dos horas de un show excelente en el que los alrededor de 4.500 jóvenes cantaron, se divirtieron y bailaron sin parar, y nadie se quejó por el calor.







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